MOBBING:
Razones para la risa “Dedicado a los que ríen”.
por Los que no rien ya.
Profesor
Iñaki Piñuel y Zabala
Titular de Organización y Recursos Humanos Facultad
de CC Económicas y Empresariales Universidad de Alcalá
(Madrid)l http://acosopsicologico.blogspot.com/
He dejado pasar varias horas antes de poder superar
la náusea profunda y escribir estas líneas
que quieren ser un homenaje a aquellos que, en esta
inmensa polémica no han podido hablar, ni podrán
poner los posts correspondientes. Yo lo hago por ellos.
Va en su memoria.
El doctor X, al que llamaré Ernesto de manera
figurada es un médico que descubrió que
los pacientes del servicio de su especialidad médica
estaban muriendo a chorros merced a técnicas
no contrastadas ni acreditadas que el jefe de su servicio
al parecer les aplicaba (estilo Doctor Mengele) sin
consentimiento ni aún menos conocimiento de aquellos
que resultaron ser sus cobayas humanos.
Tras denunciarlo internamente y solicitar que se hiciera
una auditoría interna en ese hospital, esta se
realizó y se mantuvo oculta durante meses. Finalmente
se saldó con un resultado positivo. Tasas de
mortalidad inadmisibles y mala praxis. Decenas de personas
que deberían vivir habían fallecido. Ernesto
fue premiado con el mobbing.
Se le prohibió operar, fue apartado, ninguneado
y vejado. Los compañeros comenzaron a darle de
lado. La inspección de trabajo declaró
que existía mobbing técnico,
es decir, falta de ocupación efectiva mantenida
e incomprensible.
Dos años después, Ernesto vive el calvario
del Síndrome de Estrés Postraumático
ya cronificado. Su vida es un infierno. No duerme. No
se puede concentrar. No puede control sobre sus emociones.
Revive una y otra vez en medio de terribles flashbacks
las escenas del maltrato y de las presiones que recibió
en su hospital. Es lo que técnicamente denominamos
un Whistleblower (pepito grillo). Dice que el acoso
ha arruinado su vida profesional.
Gema fue una analista financiera brillante. La primera
de su promoción, le gustaba la vida y era alegre.
Comenzó a trabajar con un jefe tiránico
y despótico que, al principio soportó
más o menos bien. La incompetencia de aquel jefe
tóxico en la gestión de los activos financieros,
le llevó al cabo del tiempo a intentar echarle
a Gema la culpa de un desastre y unos errores profesionales,
que él con su incompetencia, se esforzaba por
aumentar día a día. La cosa llegó
a varios miles de millones de las antiguas pesetas.
Ella, una persona ingenua y confiada, comenzó
poco a poco a internalizar y a asumir como verdaderas
las falsas acusaciones e imputaciones que le hacía
su jefe cada día. Alguien que proyectaba sobre
ella una responsabilidad que solo él tenía
de aquel agujero económico. Era una inútil,
incompetente. La culpable de los errores que solo él
había cometido.
Este calvario para Gema duró dos años.
Acababa de tener a su primer hijo. El psiquiatra, que
la atendía que no entendía lo que es el
mobbing, le dijo aquella tarde que no tenía que
intentar ser una mujer 10. Ella le hizo
caso. Fue a casa de su hermana y dejó con ella
a su hijo de tres años. Luego volvió a
su domicilio y se tiró por el balcón que
daba a la calle.
Felix era panadero de profesión. Llevaba muchos
años en aquella empresa que le acosaba sin descanso
desde hacía tanto tiempo... A partir de un determinado
momento, sus jefes le acosaban cada vez más exigiéndole
un esfuerzo agotador. Trabajaba casi 20 horas cada día
y aún tenía que escuchar que no hacía
lo suficiente. ¡Es que no vales! ¡Ya no
eres rentable para esta empresa! Estuvo algún
tiempo de baja por depresión. Cuando vio que
los médicos querían darle al alta para
reincorporarlo a aquel infierno optó por ahorcarse
en medio del salón de su casa. Le encontraron
sus hijas pequeñas, colgando de la lámpara.
Antes muerto que volver a ese infierno, me dijo.
Pedro, era bancario. Era el tío más simpático
de su sucursal de una pequeña capital de provincia
en el norte. Su jefe, el director de la sucursal, le
tenía envidia porque todos los clientes querían
ser atendidos por Pedro. Su intento de que fracasara
en las gestiones comerciales fue vano. Ël siempre
hacía la cifra y alcanzaba los objetivos, por
muy imposibles que fueran. Con ello, la ira y la persecución
contra él de su jefe no hacía sino aumentar
cada vez más. Esto, Iñaki, es morir
de éxito, me comentó una vez...
Y es verdad que murió. Pero no de éxito.
Bajó al trastero de su casa a por una botella
de vino, según le dijo a su mujer y allí
mismo se ahorcó.
Su jefe, al saberlo, extendió falsamente entre
los clientes de la sucursal, que, al parecer Pedro tenía
problemas de pareja e iba a separarse. El Banco negó
que hubiera habido mobbing.
Avelino era un camarero jóven y tenía
la vida por delante. Su jefe era un psicópata
organizacional. Además de acosarlo a él,
acosaba sexualmente a las camareras de aquel balneario.
Si querías trabajar, ya sabías lo que
había que hacer... Avelino era víctima
de la rabia y el maltrato verbal de su jefe a diario.
Simpático, guapetón y con 19 años
era el blanco preferido de un narcisista enfermizo.
Sus padres comentaron que cambió su personalidad.
Cada vez más callado y solitario, se negaba a
contar lo que le ocurría. Una noche después
de la última escena de vejaciones y humillaciones,
el chico dio un volantazo y se quitó de en medio,
tirándose literalmente por un barranco valenciano.
Apareció entre los amasijos su cuerpo destrozado.
Meses después, Jesús, el nuevo Director
de Recursos Humanos descubrió todo el pastel
que allí se cocía. Pero, para Avelino,
llegaba demasiado tarde.