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Mobbing: cuando el trabajo es una tortura

Insomnio, ataques de pánico, cefaleas, trastornos de ansiedad y todo tipo de disfunciones son efectos típicos que presentan las víctimas de agresiones laborales

El retorno de las vacaciones y la vuelta al trabajo es un trance duro para muchas personas. Sin embargo, nada comparado con el trauma de los que sienten el entorno laboral como un enemigo que busca su aniquilación. Son las víctimas de acoso psicológico en el trabajo, el mobbing, un fenómeno cada vez más alarmante.

Carmen padece una depresión por la que lleva meses de baja laboral. Sufre ansiedad, vértigos y, según dice, muchos días no se siente con fuerzas ni para levantarse de la cama. Mamen, como la llaman sus amigos, está separada, rompió con su marido después de once años de matrimonio. Él no entendió. No supo comprender los problemas que, casi de la noche a la mañana, su mujer comenzó a tener en el trabajo. No asimiló sus quejas constantes, su llanto, su tristeza y su rabia. Y, sobre todo, nunca supo el alcance real del significado de la palabra maldita: mobbing.

El término, anglosajón, procede de mob, que significa "panda", "grupo", "manada". Mobbing indica la acción de perseguir, molestar, perjudicar o acosar en grupo.

La historia de Mamen, aunque dramática, no es original. Es calcada de la de un gran número de trabajadores -más de dos millones en nuestro país según algunos estudios- que ven cómo su vida laboral se degrada paulatinamente hasta que quedan reducidos a la nada, pasando al ostracismo absoluto dentro de la empresa. Ella, responsable de departamento de una entidad bancaria, sintió que con la llegada de un nuevo superior sus responsabilidades iban disminuyendo. Pequeñas faltas de respeto, malas contestaciones, fueron el origen de lo que se le venía encima: un calvario de más de un año que desembocó en la baja por depresión. Antes de ese momento, Mamen llegó a estar meses delante del ordenador sin ninguna tarea que ejercer. Demonizada ante el resto de compañeros, muchos de los cuales se sumaron a la persecución. Otros, solidarizándose con ella cuando nadie les oía, pero manteniendo en público una distancia prudencial, no fueran a contagiarse también de la silenciosa peste.

Sin motivo. Este acoso le costó a Mamen algunas amistades y su matrimonio. Y lo peor es que no conoce el motivo, el por qué de la persecución. Ella se enorgullece de su trabajo. En su trayectoria en la compañía recibió frecuentemente felicitaciones por parte de sus superiores y era respetada por sus compañeros. Ahora ya no quiere comprender, sólo desea recuperarse y recobrar la fe perdida, aunque sabe que ya nada será igual que antes de que el mobbing se colara en su vida. "Es tarde para muchas cosas", dice Mamen mirando su reloj analógico. No soporta los digitales: pasó demasiadas horas contando los segundos en el reloj del ordenador, sin otra tarea más relevante que hacer.

El mobbing fue identificado por primera vez a principios de los años 80 por el psicólogo alemán Heinz Leymann, quien lo definió como una violencia psicológica ejercida contra un trabajador durante un periodo continuado de al menos seis meses y una frecuencia no menor de un hostigamiento a la semana.

Según el profesor de la Universidad de Alcalá de Henares Iñaki Piñuel, uno de los grandes expertos españoles en mobbing, "los comportamientos de terrorismo piscológico en el trabajo no son casuales, sino intencionados. Pretenden deteriorar el desempeño de un trabajador con vistas a eliminar su empleabilidad o capacidad de ser empleable. Para ello, se inician estrategias consistentes en aislar y estigmatizar al trabajador, al que se hace 'invisible' o ningunea. Se atacan malintencionadamente todos los trabajos que desempeñe, se le despoja de sus tareas, se 'envenena' a sus compañeros contra él, se le difama, se ataca su vida privada. En definitiva, se le vapulea psicológicamente".

Incomprensión. Como consecuencia de todo ello, la víctima de mobbing queda destrozada anímicamente. Y no es fácil que su entorno más cercano comprenda lo que le ocurre. Según Manuel Hernández, presidente de la asociación Acción contra el Acoso Laboral (AKAL), "al principio ni siquiera la víctima comprende lo que le ocurre. Le degradan tanto que piensa que todo es por culpa suya, que es una persona difícil para los demás. Después uno se da cuenta de que eso es lo que los acosadores quieren que creas, para ocultar su culpabilidad".

Manuel también sufrió en sus propias carnes la violencia psicológica en el trabajo. Actualmente está despedido y su caso en manos de la Justicia. Según dice, "lo peor de estas situaciones es que te ves solo, que ni los amigos, ni la propia familia te comprenden. Es normal, porque convivir con una persona llena de problemas y siempre preocupada por el trabajo no es fácil. Por eso fundamos AKAL, para que los que hemos sufrido esta experiencia podamos sentirnos comprendidos por personas que han pasado por lo mismo".

Origen y secuelas. Para el profesor Piñuel, el mobbing suele estar originado por dos motivos principales: los celos de un superior hacia un trabajador, o criterios empresariales que buscan el abandono de la empresa por parte de la víctima. Según Manuel Hernández, "actualmente las empresas se rigen por códigos puramente economicistas, en los que los valores humanos no tienen cabida. Sólo se busca el beneficio y, si un trabajador no interesa, se le elimina sin más. Los sindicatos deberían velar para que este tipo de conductas de hostigamiento no se den, pero la realidad demuestra que muchas veces los sindicatos se inhiben y miran para otro lado, dejando a la víctima sin ningún respaldo".

En cuanto a las secuelas que sufre la víctima de mobbing, el profesor Iñaki Piñuel asegura que "el hostigamiento laboral va erosionando la autoestima y la confianza en sí mismo del trabajador afectado. De este modo, insomnio, depresiones, ataques de pánico, cefaleas, hipervigilancia, trastornos de ansiedad, estrés postraumático, así como todo tipo de disfunciones y somatizaciones se desarrollan como los típicos efectos que presentan las víctimas de agresiones en el entorno laboral".

Manuel Hernández reclama comprensión con las víctimas: "el mobbing aún es un desconocido para la sociedad, pero cada vez su incidencia es mayor. Poco a poco nos iremos concienciando de que el problema es muy grave".

fuente: www.vazquezmoreno.com

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