LOS
PERVERSOS o también llamados PSICOTERRORISTAS
LABORALES
El primer acto del agresor consiste
en paralizar a su víctima para que no pueda defenderse,
de modo que por mucho que ésta intente comprender
qué ocurre, no tiene herramientas para hacerlo.
La víctima no se da cuenta de esta manipulación
perversa y no reacciona cómo lo haría
en un proceso normal y corriente.
Mediante un proceso de acoso moral, o de maltrato psicológico,
un individuo puede hacer pedazos a otro. La perversidad
no proviene de un trastorno psíquico o psicológico,
sino de una fría racionalidad que se combina
con la incapacidad de considerar a los demás
como seres humanos de igual a igual.
Cada uno de nosotros puede utilizar puntualmente un
proceso perverso. Esto sólo se vuelve destructor
con la frecuencia y la repetición a lo largo
del tiempo.
Un individuo perverso es permanentemente perverso.
Se encuentra fijado a ese modo de ser, de relacionarse
con el otro y no se pone en tela de juicio a sí
mismo jamás. No tiene compasión ni respeto
por los demás.
Respetar al otro supondría considerarlo en tanto
que ser humano y reconocer el sufrimiento que se le
aflige. Estos individuos necesitan rebajar a los demás
para adquirir autoestima y mediante esta, adquirir poder,
pues están necesitados de admiración y
aprobación.
El agresor suele engrandecerse a costa de rebajar a
los demás y evitar cualquier conflicto interior
al descargar sobre el otro la responsabilidad de lo
que no funciona.
Las técnicas perversas utilizadas son rechazar
la comunicación directa, descalificar, desacreditar,
aislar e inducir a error.
La negación de la comunicación directa
es el arma principal de los perversos.
El acosador es frío y malvado pero no de una
forma ostensible que pudiera traerle problemas, sino
que simplemente hace uso/ de pequeños retoques
desestabilizadores que son difíciles de identificar.
Suele utilizar técnicas de
desestabilización como las insinuaciones, las
alusiones malintencionadas, la mentira y las humillaciones.
Por medio de estos métodos y de palabras aparentemente
anodinas y de cosas que no se dicen, es posible desestabilizar
a alguien o incluso destruirlo sin que su círculo
de allegados se percate de ello y puedan llegar a intervenir.
En general en toda organización es necesario:
· La presencia de una persona que asuma el papel
de perseguidor principal, investida de la suficiente
autoridad o carisma como para movilizar las dinámicas
grupales de acoso.
Su personalidad presenta una peculiar combinación
de rasgos narcisistas y paranoides, que le permiten
auto convencerse de la razón y justicia de su
actividad destructiva.
Hirigoyen
considera que se trata de una forma asexual de perversión,
Field la clasifica como una modalidad de sociopatía
agresiva, y González
de Rivera la describe como "mediocridad
inoperante activa", un trastorno de la personalidad
caracterizado por exacerbación de tendencias
repetitivas e imitativas, apropiación de los
signos externos de la creatividad y el mérito,
ansia de notoriedad que puede llegar hasta la impostura,
y, sobre todo, intensa envidia hacia la excelencia ajena,
que procura destruir por todos los medios a su alcance.
Las maniobras principales que el mediocre inoperante
activo utiliza para el acoso psicológico de su
víctima son las siguientes:
· Someterle a acusaciones o insinuaciones malévolas,
sin permitirle defenderse o expresarse.
· Asignarle de manera sistemática trabajo
excesivo que no pueda entregar en plazo (y que le obligará
a un sobre esfuerzo continuado y a una ansiedad permanente).
· No asignarle ningún tipo de trabajo
a pesar de que a sus compañeros si se les asigna.
· Aislarle de sus compañeros, privarle
de información; interrumpir o bloquear sus líneas
de comunicación.
· Desconsiderar e invalidar su trabajo, distorsionar
o tergiversar sus actividades y comentarios, atribuirle
motivaciones espúreas o vergonzantes.
· Expandir calumnias interesadas o rumores infundados.
· Desacreditar su rendimiento, dificultar el
ejercicio de sus funciones, ocultar sus logros y éxitos,
exagerar y difundir, fuera de contexto, todos sus fallos,
tanto reales como aparentes.
. A veces se da un sistemático y deliberado
ataque a sus convicciones o valores éticos personales
haciendo burla o mofa de ellos, o en una critica demoledora
hacia su vida privada o familiar.
· Comprometer su salud, física y psíquica,
mediante una constante presión estresante que
favorece las alteraciones depresivas, psicosomáticas,
y actos de huida que pueden llegar hasta la renuncia
brusca al puesto laboral o al suicidio.
· La colaboración y permisividad del
resto del personal de la organización. La persecución
psicológica se desarrolla en medio de un sorprendente
silencio e inhibición de los observadores, que,
aunque conscientes del abuso e injusticia de la situación,
se abstienen de intervenir, sea por complicidad implícita
con el plan de eliminación del acosado, sea para
evitar convertirse ellos mismos en objeto de represalia.
No es del todo infrecuente que individuos ambiciosos
de escasa valía profesional aprovechen conscientemente
la situación, que les favorece al entorpecer
o eliminar a un competidor más cualificado.