Tengo más de 50 años. Nací
en una pequeña ciudad de provincias de Francia
y vivo en París. Estoy divorciada y tengo dos
hijos. Soy de izquierdas y me concierne el sufrimiento
de los individuos. Nací en la religión
católica,pero sólo creo en el hombre.
Trabajo demasiado. Mi primer libro, "El acoso moral"
(Paidós), lleva tres ediciones.
Muchos años de consulta viendo gente psicológicamente
anulada le llevaron a percibir el error:
"El psicoanálisis sólo considera
lo que ocurre en la cabeza de un individuo y si éste
se deja agredir mentalmente es un cómplice masoquista.
Pero eso no es cierto, hay un agresor real que lo ha
hecho pedazos".
Y advierte: "Cuidado!; con el pretexto de la tolerancia
nos volvemos indulgentes". En estos tiempos en
los que el más admirado es el que sabe disfrutar
más y sufrir menos proliferan los perversos,
gente sin escrúpulos que se engrandece destruyendo
a otros.
Individuos ávidos de aprobación y admiración,
manipuladores natos que primero seducen y luego vampirizan.
"Siga mi consejo: Apártelos de su vida.
No tienen remedio"
Se puede destruir a alguien sólo con palabras?
Si. con burlas, sarcasmos, rumores, miradas e insinuaciones;
es lo que se llama "acoso moral", y se da
en la familia, la empresa y la pareja.
Quiénes son los acosadores?
Los perversos son gente que quiere poder y que no tiene
escrúpulos en utilizar a los otros, que para
ellos no son más que objetos.
Y cómo son las víctimas?
Personas que sienten compasión por los otros
y que son muy dinámicas. Poco a poco pierden
su dinamismo y entran en la confusión y el desequilibrio
al no entender el comportamiento del perverso.
Los perversos utilizan a los débiles?
No. Sus víctimas suelen tener una fuerte personalidad
e inteligencia, por eso quedan atrapadas en las redes
del juego del perverso que disfruta con la destrucción
moral.
Un acosador moral nace o se hace?
Suelen ser personas que en su infancia han sido tratadas
como objetos: o bien mal tratados, o bien idolatrados
por la madre.
Son enfermos?
No, mientras tienen una víctima en la que descargar
su perversión ellos están perfectamente
equilibrados.
Son felices?
Son crueles, no tienen emociones, sólo les interesa
la apariencia y en el fondo nunca están contentos.
Necesitan a los otros.
Como chupasangres?
Exacto, toman la vida, la fuerza y la alegría
de los otros porque por ellos mismos no son felices,
ni capaces de desenvolverse.
Cuál es el proceder de un perverso?
Destrucción sistemática de otra persona
durante un largo periodo mediante sobreentendidos, alusiones,
descalificación, desprecio, vacío. Una
sutil estrategia para confundir al otro. Y si el otro
se queja, el perverso lo acusa de susceptible. Siempre
niegan el conflicto. Si no hay culpa, no hay sufrimiento.
Por qué se cae en sus redes?
Además de ser muy seductores, se muestran débiles,
sensibles y necesitados, y nos volcamos para ayudarles.
Utilizan hábilmente el lenguaje para confundir
al otro.
Cómo?
Dan mensajes contradictorios; no terminan las frases
y están llenos de insinuaciones, de manera que
el otro nunca está seguro de lo que sienten.
A menudo mienten.
Y son conscientes?
No, actúan así para sobrevivir, porque
tienen la impresión de que están en peligro.
Pero saben cuándo exceden los límites.
Jamás usan un comportamiento violento si se saben
observados.
Son envidiosos?
Mucho, ese sentimiento les hace avanzar: la sensación
de que el otro posee lo que ellos no tienen. Pero su
inteligencia es estratégica y destruyen con sonrisas.
Son pelotas?
Siempre se someten a la autoridad. Son sumisos con el
poder aunque lo critiquen.
Tienen sentido del humor?
Son más bien sarcásticos y pueden ser
muy ácidos. Y tienen fobia al compromiso, a todo
lo que les puede vincular a otro: matrimonio, hijos...
Temen ser invadidos.
Pobres, ¿tienen cura?
No. Mientras tienen una víctima no se deprimen
y no tienen problemas de conciencia, así que
jamás acuden a un especialista.
Son tenaces con sus víctimas?
-Muy tenaces, les interesa que la víctima permanezca
junto a ellos porque la necesitan. Si les abandona se
sienten mal, pero tienden a buscar rápidamente
a otra.
Cuál
es la visión del mundo del perverso?
Sólo le interesa el poder y el reconocimiento
social, pero lo disimula, se queja a menudo de la vida
y es muy negativo.
Si leen esta entrevista, se reconocerán?
No, verán a otros reflejados. Pero la gente de
su entorno si los reconocerá.
Cómo sacárselos de encima?
Es muy difícil porque el agresor nunca abandona
a su víctima, y cuando ésta intenta marcharse
la culpabiliza.
Y si es un inevitable compañero de trabajo.
¿cómo convivir?
Entendiendo que su comportamiento es patológico
y que no va a cambiar. Si no puede apartarse de él,
utilice la política del pato.
Del pato?
Que todos los insultos y humillaciones te resbalen.
Nunca hay que entrar en su juego: la escalada de violencia.
El agresor pretende que la víctima se convierta
también en agresor. Intenta invertir aparentemente
la situación y demostrar que el otro es el violento.
Muy malos!
Otro placer de los perversos es hacer perder a la víctima
su sentido moral.
Cómo curar a una víctima?
Normalmente hace falta que otra persona le haga ver
qué tipo de relación tiene; que pierda
el sentimiento de culpa y recupere la confianza en sí
misma.
El agresor se ha dedicado a hacerle sentir que no es
nadie, que es un incompetente, y las personas quedan
muy maltrechas en su amor propio. Así que si
percibe actitudes perversas, denúncielas.
Hace falta un especialista?
Si, porque es muy importante mostrar a la víctima
cuál es su punto débil, eso es lo que
le ha hecho caer en manos del acosador.
Y cuál suele ser el punto débil?
Una falta de confianza en uno mismo por una herida de
la infancia. El perverso es muy hábil percibiendo
la fragilidad del otro.
Cómo defenderse legalmente?
Lo más importante es educar en decir no y formar
especialistas que puedan intervenir. En el mundo laboral
hay que crear una ley contra el acoso moral y estamos
en ello.
IMA SANCHIS, La Vanguardia
Extraído de http://juliaardon.blogspot.com/2006/03/entrevista-de-ima-sanchs-con-marie.html
Me llegó por RIMA desde Ciudad de Mujeres, pero
apareció publicado originalmente en La Vanguardia