Marina
Parés Terapeuta social y perito judicial experta en
acoso moral.
www.acosomoral.org
Presidenta del Servicio Europeo de Información sobre
el Mobbing
SEDISEM
www.sedisem.net
Resumen
Este artículo se centra en destacar la relación
entre estrés
post-traumático y acoso moral. Todos los
estudios coinciden en que el trauma psicológico
es el resultado a haber vivido un acontecimiento traumático
y podemos considerar que los micro traumatismos que
sufre una víctima de mobbing son comparables
a una única situación traumática.
Esta comunicación tiene la finalidad de promover
un abordaje efectivo de tratamiento con las víctimas
de Acoso Moral en el Trabajo basándonos en lo
que ya venimos realizando desde hace años. La
recuperación de la víctima de acoso moral,
no es nada fácil, y por ello ha de incluirse
en un modelo más amplio de intervención,
el denominado abordaje sistémico del mobbing.
En esta ponencia se describen los puntales de la recuperación
del modelo propuesto para la intervención con
víctimas consistente en la aplicación
de la teoría de los sistemas al acoso moral.
Nadie duda que un abuso crónico puede crear un
grave daño psicológico y que tiempo después
de que haya acabado el acoso, muchas víctimas,
siguen afectadas. El daño del acoso puede seguir
atormentando al superviviente mucho después de
que haya pasado el peligro e incluso podemos afirmar
que los supervivientes de acosos prolongados desarrollan
cambios de personalidad característicos. Atendiendo
a nuestra experiencia en intervención y recuperación
de víctimas de acoso moral podemos afirmar que
el abordaje y el afrontamiento de una situación
de mobbing y su recuperación son posibles. Deseamos
que este artículo contribuya a promover una nueva
atención terapéutica a las víctimas
de mobbing.
Abstract
This article is centered in emphasizing the relation
between moral post-traumatic stress and harassment.
All the studies agree in which the psychological trauma
is the turn out to have lived a traumatic event and
we can consider that micro trauma that a victim of mobbing
undergoes they are comparable to an only traumatic situation.
This communication has the purpose of promoting an effective
boarding of treatment with the victims of Harassment
Moral in the Work basing to us on which already we have
been coming making for years. The recovery of the moral
victim of harassment is not far from easy, and for that
reason it has to include itself in an ampler model of
intervention, the denominated systemic boarding of mobbing.
In this communication the props of the recovery of the
model proposed for the consisting of intervention with
victims the application of the theory of the systems
are described to the harassment moral. Nobody doubts
that a chronic abuse can create a serious psychological
damage and that time after she has finished the harassment,
many victims, follow affected. The damage of the harassment
can continue tormenting the survivor much after it has
passed the danger and we even can affirm that the survivors
of prolonged harassments develop characteristic changes
of personality. Taking care of our experience in intervention
and moral recovery of victims of harassment we can affirm
that the boarding and the facing of a situation of mobbing
and its recovery are possible. We wished that this article
contributes to promote a new therapeutic attention to
the victims of mobbing.
Introducción
En el momento del trauma la víctima se ve indefensa
ante una fuerza abrumadora, cuando esta fuerza destructora
proviene de la naturaleza hablamos de desastres pero
cuando proviene de otro ser humano hablamos de atrocidades.
Por tanto estudiar el trauma psicológico es enfrentarse
tanto a la vulnerabilidad humana en el mundo como a
la capacidad de hacer mal que hay en la naturaleza humana.
Todos los estudios coinciden en que el trauma psicológico
es el resultado a haber vivido un acontecimiento traumático.
Los acontecimientos traumáticos destruyen los
conceptos fundamentales de la víctima sobre la
seguridad del mundo, el valor positivo de la persona
y el sentido de la vida. Los acontecimientos traumáticos
son extraordinarios no porque ocurran raramente, sino
porque superan las adaptaciones habituales de los seres
humanos a la vida. A diferencia de las desgracias del
día a día, los acontecimientos traumáticos
normalmente implican amenazas contra la vida o la integridad
física y psíquica. Es un encuentro personal
con la violencia y hacen que los seres humanos se tengan
que enfrentar a los extremos de la indefensión
y del terror, por lo que muy a menudo los acontecimientos
traumáticos ponen en duda las relaciones humanas
básicas.
Consideramos que los micro traumatismos que sufre una
víctima de mobbing son comparables a una única
situación traumática propia de las catástrofes,
tal y como queda descrito en los trabajos de Leymann,
Hirigoyen,
González
de Rivera y Piñuel
entre otros. Básicamente por lo que hace referencia
a las repercusiones sobre la salud física y psíquica
de la víctima I Piñuel, especialista en
mobbing, establece que:
Un trabajador que ha padecido psicoterror o acoso psicológico
en su trabajo durante un tiempo presenta una serie de
síntomas parecidos a los del denominado Síndrome
de Estrés Postraumático (SEPT),
característico de las víctimas de asaltos,
catástrofes naturales (terremotos, inundaciones),
accidentes aéreos, bombardeos, violaciones, etc.
Lo que se añade a la definición típica
del SEPT es el hecho de que, así como las víctimas
de todas esas situaciones experimentan un único
suceso traumático aislado que no se vuelve a
dar más, las víctimas del psicoterror
laboral suelen vivenciar repetidos ataques, amenazas,
ridiculizaciones y denostaciones (2001,78).
Por su parte la terapeuta francesa M.F. Hirigoyen afirma
que:
El acoso moral constituye un traumatismo en la misma
medida que lo pueda ser un atraco a mano armada o una
violación (2001,138) y destaca que los
cuadros traumáticos más graves se encuentran
en los casos de acoso moral en los cuales la persona
está aislada, sola contra todos,
y mucho menos cuando se trata de malos tratos patronales,
situación en la que la solidaridad permite adoptar
una cierta distancia (2001,139).
Sabemos que los acontecimientos traumáticos
destrozan los sistemas de protección normales,
esos que dan a las personas una sensación de
control, de conexión y de significado, por tanto,
aceptamos que el denominador común del trauma
psicológico es un sentimiento de inmenso
miedo, de indefensión, de pérdida de control
y de amenaza de aniquilación en la víctima.
Concepto y definición
de mobbing
Vamos a analizar el concepto de mobbing como paso previo
a la profundización sobre el tratamiento más
adecuado para los afectados por acoso moral. La primera
definición del término de mobbing se lo
debemos a Leymann que lo adquirió de un trabajo
de Lorenz sobre etología. Otros autores que han
definido el concepto son la terapeuta francesa M.F Hirigoyen,
y los españoles J-L González de Rivera
y I. Piñuel desde la disciplina de la psiquiatría
y la psicología. La última definición
proviene del sector judicial en concreto del
magistrado Ramón Gimeno Lahoz que lo define como
presión laboral tendenciosa encaminada
a la auto-eliminación de la víctima
(1). La redacción propuesta para la vigésima
tercera edición del Diccionario de la Real Academia
Española de la lengua, define el acoso moral
o psicológico, como:
La práctica ejercida en las relaciones
personales, especialmente en el ámbito laboral,
consistente en un trato vejatorio y descalificador hacia
una persona, con el fin desestabilizarla psíquicamente.
(2)
La definición de la autora de este trabajo aporta
claridad conceptual ya que en ella se describe el objetivo,
el método, la estrategia, y el resultado o consecuencia
del mobbing, de tal manera que se define el objetivo
como el interés del acosador en la destrucción
psicológica de la víctima, siendo el método
utilizado el rumor, la estrategia es la utilización
de un grupo como atacante, y la consecuencia es la indefensión
de la víctima; veamos la definición completa:
El acoso psicológico en el trabajo tiene
el objetivo de destruir la estabilidad psicológica
de un ser humano, a través del descrédito
y la rumorología. Se practica acosando grupalmente
de tal manera que la víctima estigmatizada no
pueda defenderse, que no pueda hablar o que su palabra
ya no tenga ningún valor. La
indefensión de la víctima proviene de
la pasividad de los testigos de la violencia, que permiten
la destrucción de otro ser humano de manera indignamente
cobarde (3).
En otros trabajos (4) la autora describe dos elementos
destacados al concepto del mobbing, además de
la importancia del elemento grupal ya descrito, añade
el papel del encubrimiento de un fraude en toda situación
de acoso moral en el trabajo. Aspectos muy interesantes
pero que no van a ser detallados por sobrepasar las
pretensiones del presente trabajo, por lo que para mayor
profundización se remite a la obra de la autora.
Teniendo en cuenta todas las definiciones sobre el
acoso moral en el trabajo o mobbing, podemos concluir
que el acoso moral en el trabajo es la estrategia diseñada
para dañar a otro ser humano por parte del instigador
y que tiene éxito en la medida que nadie ayuda
a la víctima. Las consecuencias sobre el trabajador
afectado por mobbing se asemejan al daño que
sufre el superviviente de un trauma en el que interviene
el elemento humano, en ambos casos, la víctima
se siente horrorizada de darse cuenta que era prescindible
para su propia gente, y es necesario destacar que este
es un aspecto a abordar en la intervención terapéutica
con afectados por mobbing. En las víctimas de
mobbing la indiferencia de los compañeros destruye
su fe en la comunidad pues los propios acontecimientos
traumáticos implican una traición a relaciones
importantes.
Estrés traumático
y mobbing
El núcleo de este artículo se centra
en destacar la relación entre estrés post-traumático
y acoso moral, a fin de posibilitar una verdadera recuperación
de la víctima. Si bien es cierto, tal y como
describió Leymann en 1996 que las situaciones
de estrés laboral, pueden ser el caldo de cultivo
del mobbing lo que queremos resaltar en este trabajo
es el estrés postraumático que sufre una
víctima de mobbing como consecuencia del maltrato
psíquico a que ha estado sometida, hecho que
ya en el 2001, fue destacado por M. F Hirigoyen cuando
afirmó que el acoso moral en el trabajo produce
en la víctima:
Neurosis traumáticas, y, más raramente
psicosis traumáticas (...) cosa que corresponde,
al DSM IV, al estado de estrés postraumático
(2001,139).
En el estudio realizado en el 2006 por un grupo de
psicólogos de Madrid, aparecido en la Revista
del Colegio Oficial de Psicólogos del 29 de mayo,
2006 (6), se afirma que: Las víctimas de
acoso laboral pueden sufrir un trastorno de estrés
postraumático. La muestra del estudio realizado
por psicólogos de la Universidad Autónoma
de Madrid estaba constituida por 366 participantes,
divididos en dos grupos. Un grupo formado por 183 víctimas
de acoso psicológico en el trabajo (mobbing)
que cumplían los criterios temporales que se
tienen en cuenta para concebir una situación
como mobbing, a saber, las conductas de acoso deben
tener lugar de manera frecuente (al menos una vez a
la semana) y durante al menos seis meses. El grupo control
estaba compuesto por 183 trabajadores, ninguno de los
cuales se consideraba acosado. Según los resultados
obtenidos, las víctimas de acoso psicológico
presentaron una gran probabilidad (42,6%) de experimentar
sintomatología de estrés postraumático,
siendo más probable en las mujeres (49 %) que
en los hombres (35,3 %). Se vio también que las
víctimas de acoso presentaban una visión
más negativa del mundo, de sí mismos y
de los demás que el grupo control. Reproducimos
los comentarios de los autores, por lo significativos
que son de cara a la recuperación de las víctimas:
"Parece que la creencia en un mundo benevolente
y con significado, la ilusión de invulnerabilidad
y control personal, la creencia en que se puede confiar
en los demás, la imagen y auto concepto de las
víctimas de acoso queda severamente dañada,
como consecuencia de la experiencia del acoso psicológico
en el trabajo". El estudio sigue afirmando que
el acontecimiento traumático altera la
percepción del mundo que tienen las personas,
lo cual los sume en un estado de desesperanza e indefensión,
pues no son capaces de interpretar lo sucedido utilizando
sus esquemas de pensamiento habituales.
Según comentan los autores de este estudio,
al que nos sumamos, es fundamental realizar un diagnóstico
acertado del trastorno de estrés postraumático
en las víctimas de acoso moral en el trabajo.
La sintomatología
En este apartado queremos resaltar tanto los síntomas
que nos mostrarán que estamos ante la presencia
de una situación de estrés postraumático
consecuencia de un acoso laboral como enunciar las dificultades
diagnósticas a fin de promover un abordaje efectivo
de tratamiento con la víctima de A.M.T. (Acoso
Moral en el Trabajo).
Los síndromes traumáticos no pueden tratarse
apropiadamente si no se diagnostican, y hay que ser
totalmente consciente de todos los disfraces bajo los
que puede aparecer un desorden traumático. Hemos
de tener presente que el asunto del diagnóstico
no es tan sencillo con pacientes que han sufrido un
trauma prolongado y repetido. Las presentaciones disfrazadas
son algo común.
En un principio el paciente puede quejarse solo de
los síntomas físicos, de insomnio crónico
o ansiedad, de depresión intratable, o de tener
relaciones problemáticas.
A menudo se necesita hacer un interrogatorio explícito
para determinar si el paciente vive en un estado de
temor presente por la violencia de alguien, o ha vivido
bajo el miedo en algún momento del pasado. Los
síntomas más frecuentes en las víctimas
de mobbing son las propias de una situación de
estrés postraumático, con alteraciones
del sueño, cansancio generalizado, ideas negativas
especialmente sobre el porvenir, y las posibilidades
futuras del individuo. También la presencia de
una variada forma de síntomas físicos,
como cefaleas, dolores, lumbalgias, problemas digestivos,
zumbido de oídos, hipertensión, problemas
respiratorios, tensionales etc. que todos ellos, aún
formando parte del proceso del trauma, pueden llegar
a ser negados durante mucho tiempo.
Por supuesto también aparecen síntomas
algo más específicos, como la ansiedad,
la angustia, la incapacidad, la dificultad o la falta
de ganas para realizar tareas que antes se podían
hacer sin problemas (salir, encontrarse con otros, etc.).
Y, a medida que pasa el tiempo, aparecen otros síntomas
algo más específicos como son la dificultad
para concentrarse, los olvidos, la pérdida de
memoria, la falta de energía en general o falta
de ganas, el no encontrarle gusto a las cosas, o encontrarlas
sin sentido. Todo esto es previo a cuadros aún
más específicos en los cuales la víctima
de acoso evita hacer cosas, se encierra, predomina el
miedo, y la precaución exagerada, y las rumias
o el recordar imágenes de algo que les pasó,
o vivió personalmente, junto con un estado de
alteración constante. También es muy frecuente
encontrar un estado de irritabilidad y violencia casi
constantes, en las víctimas de acoso moral, que
les ocasiona conflictos de todo tipo y se agotan más,
dándonos la sensación de mayor frustración.
Los síntomas repercuten de varias maneras, pues
a diferencia de las crisis aisladas y causadas por un
evento único (víctimas de un atentado,
desastres naturales, etc.) hay que considerar un factor
diferencial y es el de la repetición de los eventos
traumáticos y la difusión, por diferentes
maneras, del mensaje traumatizante (medios, comentarios
etc.), esto lleva a un estado de revictimización
constante en la víctima de mobbing. Además
a la dificultad diagnóstica motivada tanto por
el disfraz con que se presenta la situación como
por la revictimización hay que señalar
un elemento añadido y que incide más en
esa dificultad y tiene relación con la culpabilización
de la víctima.
Como los síntomas postraumáticos son
tan persistentes y tan variados, pueden ser confundidos
con rasgos de la personalidad de la víctima.
Sabemos que tiempo después de que haya acabado
el acoso, muchos afectados, siguen sintiendo que ha
muerto una parte de ellos, y algunas víctimas,
las más afligidas, desearían estar muertas.
La amenaza de aniquilación que define el acoso
puede atormentar al superviviente mucho después
de que haya pasado el peligro.
Por eso no es extraño ver a antiguos trabajadores
afectados de mobbing que presentan secuelas importantes
mucho tiempo después de haber acabado la relación
contractual. Hay que señalar que en las violencias
ejercidas por otros seres humanos, a diferencia de las
catástrofes naturales, las personas traumatizadas
se sienten absolutamente abandonadas, y solas, exiliadas
del sistema humano de cuidado y protección.
Es a partir de ese momento, que en cada relación,
desde los vínculos familiares más íntimos
a las afiliaciones con la comunidad se instalará
un sentimiento de alienación y desconexión.
Por ello es necesario incluir en la intervención
terapéutica del afectado a la pareja o a un familiar
próximo, ya que a través de este tercero
se iniciará la recuperación de los vínculos
afectivos. Su sola presencia es un puntal en la reconexión
de relaciones humanas que dejarán de estar, de
forma paulatina, dominadas por la alienación.
El acontecimiento traumático ha destruido la
creencia de que uno puede ser uno mismo
en relación con los demás. La víctima
de mobbing siente que debe cambiar su forma de ser y
de sentir. Sabemos, por definición, que los acontecimientos
traumáticos frustran la iniciativa y destrozan
la competencia individual. No importa lo valiente y
lo llena de recursos que esté la víctima;
sus acciones fueron insuficientes para evitar el desastre.
Después de los acontecimientos traumáticos
las víctimas revisan y juzgan su propia conducta,
y los sentimientos de culpa y de inferioridad son prácticamente
universales, y hay que contar con ello en la terapia
de recuperación. La mayoría de la gente
no tiene conocimiento de los cambios psicológicos
que tienen lugar en la víctima de acoso, y ese
es el motivo de que el juicio social sobre las personas
crónicamente traumatizadas suela ser excesivamente
duro.
La aparente indefensión y pasividad de la persona
abusada con reiteración, el hecho de haber estado
atrapada en una situación insostenible, junto
con su intratable depresión y sus quejas somáticas,
además de su ardiente ira, a menudo frustran
a las personas que la rodean. Pero aún hay más:
si la persona afectada fue coaccionada y en su actuar
para conseguir parar el hostigamiento a que se la sometía
llegó a traicionar relaciones, lealtades o valores
morales, es frecuente que, en estas condiciones, la
víctima sea sometida a una furiosa condena. Es
importante, en el proceso terapéutico, revisar
el comportamiento de la víctima previo a su acoso
y abordar las diversas sumisiones al perverso acosador
en la fase de seducción.
Hay que desculpabilizar a la persona afectada. Las
personas que nunca han experimentado el terror prolongado
o que no conocen los métodos coercitivos de control
asumen que, en circunstancias parecidas, mostrarían
un mayor valor y resistencia que la víctima.
Este es el motivo de que haya una tendencia a explicar
el comportamiento de la víctima encontrando defectos
en su personalidad o carácter moral. No podemos
dejar de resaltar que esta tendencia a culpar a la víctima
ha influido notablemente en la dirección de la
investigación psicológica. Ha llevado
a los investigadores y médicos a buscar una explicación
en el carácter de la víctima, y ha diseñar
perfiles de víctimas. Es evidente que personas
normales y sanas pueden verse atrapadas en situaciones
laborales abusivas de forma prolongada, pero también
lo es que, después de huir de ellas, ya no son
ni normales ni sanas. Un abuso crónico puede
crear un grave daño psicológico. La tendencia
a culpar a la víctima ha obstaculizado la comprensión
psicológica y el diagnóstico de un síndrome
postraumático; ya que con frecuencia se ha atribuido
la situación de abuso a la supuesta psicopatología
subyacente de la víctima en lugar de conceptuar
su psicopatología como una respuesta a la situación
de acoso. Los pacientes que sufren los complejos efectos
del trauma crónico siguen corriendo el riesgo
de ser erróneamente diagnosticados con desórdenes
de la personalidad.
La tentación de aplicar un diagnóstico
peyorativo se hace más fuerte cuando los cuidadores
se cansan de esas personas crónicamente infelices
que no parecen mejorar nunca. Es muy habitual que las
víctimas de acoso moral en el trabajo rompan
relaciones anteriormente satisfactorias, muchas de ellas
pierden pareja y amigos que se cansan de oír
siempre el mismo relato. En el tratamiento con las víctimas
de mobbing, les recomiendo que cambien esa actitud con
las amistades y que el deseo de hablar del trauma vivido
lo circunscriban al entorno terapéutico y que
intenten disfrutar de las actividades que realizan con
los amigos.
Ahora bien, podemos afirmar que los supervivientes
de acosos prolongados desarrollan cambios de personalidad
característicos, incluyendo deformaciones en
la capacidad de relacionarse, por eso, muy a menudo,
pierden la capacidad de disfrutar de la compañía
de amigos, y hay que tratar también ese aspecto.
Ya hemos descrito que los acontecimientos traumáticos
destrozan los sistemas de protección normales
que dan a las personas una sensación de control,
de conexión y de significado. Así las
reacciones traumáticas tienen lugar cuando la
acción no sirve para nada, es decir, cuando no
es posible ni resistirse ni escapar, entonces el sistema
de autodefensa humano se siente sobrepasado y desorganizado.
Es en estas situaciones cuando los acontecimientos
traumáticos producen profundos y duraderos cambios
en la respuesta fisiológica de la víctima,
en sus emociones, su capacidad cognitiva y su falta
de memoria. Atendiendo a esta característica,
en la recuperación de las víctimas de
mobbing incluyo la adquisición de la iniciativa
en el tratamiento, a modo de empoderamiento, aspecto
que desarrollaré más adelante. Vamos a
centrarnos ahora en los síntomas típicos
que sufre una víctima de mobbing.
Los muchos síntomas del desorden de estrés
postraumático pueden catalogarse en tres categorías
principales: hiperactivación, intrusión
y constricción.
La hiperactivación refleja la persistente expectativa
de peligro. Los síntomas más importantes
son los siguientes: la persona se sobresalta con facilidad
(estado exagerado de alerta), reacciona con irritación
a las pequeñas provocaciones (irritabilidad y
comportamiento explosivo) y duerme mal (pesadillas).
En cambio la intrusión refleja la huella indeleble
del momento traumático. Las víctimas reviven
los hechos una y otra vez en sus pensamientos, en sus
sueños y en sus acciones (con el deseo de invertir
la situación de forma inconsciente u oculta).
La persona acosada sigue enfrentándose a una
situación difícil, en la que no ha conseguido
desempeñar un papel satisfactorio, así
que continúa haciendo esfuerzos para adaptarse.
Revivir el trauma puede suponer la posibilidad de dominarlo
por eso las terapias que realizo con víctimas
de acoso contemplan este hecho.
La constricción refleja la respuesta embotadora
de la rendición. Entonces la persona se encierra
en sí misma, hay alteración de la conciencia
como protección del dolor insoportable. Los síntomas
son: suspensión de la iniciativa y del juicio
crítico, alejamiento subjetivo o calma, analgesia,
distorsión de la realidad y despersonalización.
La disociación es un intento para olvidar la
creciente sensación de indefensión y de
terror. Es una forma de huir de las dificultades, mediante
la limitación de las acciones (dejan de hacer
cosas, se quedan en casa) y la paralización de
la iniciativa.
Después de una experiencia de peligro abrumador,
las dos respuestas contradictorias de intrusión
y de constricción se alternan en un intento de
encontrar el equilibrio. A menudo, la víctima,
tiene pesadillas o pensamientos aterrorizantes sobre
la terrible experiencia que tuvo, y trata de mantenerse
alejada de cualquier cosa que le recuerde ese momento
tan horrible. También puede ser que se sienta
enojado y que no le importe nadie o no pueda confiar
en otras personas. Siempre está a la defensiva,
pendiente de cualquier peligro, y se siente muy mal
cuando pasa algo que lo toma por sorpresa. Los síntomas
siguen una evolución y a medida que disminuyen
los síntomas intrusivos, empiezan a dominar los
de evitación o constrictivos. La persona traumatizada
ya no parece asustada y puede recuperar su anterior
forma de vida, pero en ella persiste el mecanismo de
despojar los acontecimientos de su significado normal.
Los síntomas constrictivos no son fácilmente
reconocibles, ya que su importancia radica en lo que
falta: restricción de la vida interior y de la
actividad exterior de la persona traumatizada y pueden
ser considerados como secuelas del mobbing.
Tratamiento con afectados por mobbing
Antes de adentrarnos en el modelo propuesto por el
Servicio Europeo de Información sobre Mobbing
para la intervención con víctimas, es
necesario apuntar algunos conceptos previos, como son
los cuatro pilares en los que descansa la intervención
terapéutica con víctimas de A.M. T. (Acoso
Moral en el Trabajo). Ya hemos visto que las experiencias
centrales del trauma psicológico son la indefensión
y la desconexión con otros; por consiguiente
la recuperación va a consistir en devolver el
poder a la víctima, de tal manera que consiga
pasar de un rol de víctima a uno de superviviente
mediante la creación de nuevas conexiones. Hemos
de tenerlo presente, la recuperación tan sólo
puede ocurrir dentro del contexto de las relaciones,
no puede ocurrir en aislamiento; por ello es tan importante
el vínculo terapeuta-víctima.
El primer principio de la recuperación, ya lo
hemos enunciado anteriormente, consiste en que el afectado
recupere el poder. La víctima debe ser autora
y árbitro de su propia recuperación. Los
demás pueden darle consejos, apoyo, ayuda, afecto
y cuidados, pero no la curación. Me gusta especialmente
la frase de algunos afectados por mobbing, del
mobbing no te sacan, sales tú. Por tanto,
ninguna intervención que le arrebate el poder
a la víctima puede impulsar su recuperación,
aunque parezca hacerse por su propio bien. Afirmo, que
los puntales de la recuperación serán,
por tanto, cuatro: adquirir poder, romper el aislamiento,
adquisición de actitudes de defensa real por
parte de la víctima, y creación de un
vínculo terapeuta-paciente.
La reinstauración del poder a las víctimas
se realiza mediante la eliminación de la dinámica
de dominancia en el trato con ella. Hay que llegar a
conseguir reducir el aislamiento de la víctima
y la obsesión en el propio caso mediante la participación
en tareas artísticas o solidarias. Se consigue
romper la sensación de indefensión aumentando
las posibilidades de elección de la víctima,
por un lado y adquiriendo ésta el compromiso
de priorizar su propia recuperación frente a
otras necesidades individuales o familiares. Hay que
señalar, además, que trabajar con personas
victimizadas exige que se tenga una actitud moral de
compromiso. El terapeuta ha de tomar una posición
de solidaridad con la víctima, que exige el entendimiento
de la injusticia esencial de la experiencia traumática
y de la necesidad de una resolución que devuelva
a la víctima alguna sensación de justicia.
El contexto terapéutico ha de validar su experiencia
y al mismo tiempo reconocer y estimular sus esfuerzos.
Atendiendo a nuestra experiencia en intervención
y recuperación de víctimas de acoso moral
podemos afirmar que la recuperación se desarrolla
en tres fases. La principal tarea de la primera fase
es establecer la seguridad; la de la segunda, el recuerdo
y el luto; la de la tercera, la reconexión con
la vida normal. No hay ningún proceso de recuperación
que siga estas fases con una secuencia lineal constante.
La progresión a través de las fases de
recuperación es como una espiral en la que continuamente
se vuelven a visitar temas anteriores, pero, cada vez,
con un nivel más alto de integración.
Los indicadores de evaluación hacen referencia
a la sensación de seguridad, al recuerdo y a
la conexión social. Así, en el transcurso
de una recuperación con éxito debería
de ser posible reconocer un cambio gradual desde una
sensación de peligro impredecible a una seguridad
fiable, del trauma disociado al recuerdo reconocido,
y del aislamiento estigmatizado a la restauración
de la conexión social.
A menudo uno de los aspectos no resueltos consiste
en que la víctima pone dificultades de la relación
terapéutica. El trauma destroza la capacidad
de la paciente para crear una relación de confianza
y eso también tiene un poderoso, aunque indirecto
impacto en el terapeuta.
Como resultado, tanto la paciente como el terapeuta
tendrán predecibles dificultades para crear una
alianza que funcione. Estas dificultades deben ser comprendidas
y anticipadas desde el principio. ¿Quizás
con un compromiso por escrito al inicio de la terapia?
La transferencia traumática no solo refleja la
experiencia del terror, sino también la de la
indefensión. Recordemos que la víctima
está completamente indefensa en el momento del
trauma.
Incapaz de defenderse, pide ayuda, pero nadie viene
a socorrerla. Se siente totalmente abandonada. El recuerdo
de esta experiencia domina todas las relaciones subsiguientes.
Cuanto mayor es la convicción de la víctima
de su indefensión y abandono, más desesperadamente
necesita un rescatador omnipotente. A menudo otorga
ese papel al terapeuta. Como siente que su vida depende
de un rescatador, no puede permitirse ser tolerante;
no hay lugar para el error humano. La ira indefensa
y desesperada que la persona traumatizada siente hacia
un rescatador que flaquee, aunque sea momentáneamente,
en su labor es algo ha tener en cuenta.
Muchas personas traumatizadas sienten una gran cólera
hacia los cuidadores que intentan ayudarles, y albergan
fantasías de venganza. En estas fantasías
desean reducir a la decepcionante y envidiada terapeuta
a la misma condición insoportable de terror,
indefensión y vergüenza que ellas mismas
han padecido. Aunque la paciente traumatizada siente
una necesidad desesperada de confiar en la integridad
y competencia del terapeuta, no es capaz de hacerlo
porque su capacidad de confianza ha sido dañada
por la experiencia traumática. La paciente entra
en la relación terapéutica presa de todo
tipo de dudas y sospechas. Normalmente asume que el
terapeuta o es incapaz o no está dispuesto a
ayudar y, hasta que se le demuestre lo contrario, da
por hecho que no está preparada para escuchar
la verdadera historia del trauma. Cuando el trauma ha
sido repetido y prolongado, como ocurre en los casos
de acoso moral, las expectativas que la paciente tiene
de una intención perversa o malvada son especialmente
difíciles de cambiar, conformando un cuadro de
hipervigilancia Además, los pacientes que han
sido sometidos a un trauma crónico tienen complejas
reacciones de transferencia. Su prolongado vínculo
con el acosador ha alterado la forma en que se relacionan,
de tal forma que la paciente no sólo teme volver
a ser víctima, sino que parece incapaz de defenderse
de ello, o incluso parece propiciarlo. La dinámica
de dominación y sumisión se reproduce
en todas las relaciones subsiguientes, incluyendo la
terapia. Las personas crónicamente traumatizadas
tienen una finísima sintonización con
la comunicación no consciente o no verbal.
Durante mucho tiempo se acostumbraron a leer los estados
emocionales y cognitivos de sus acosadores, así
que aportan esta habilidad a la relación terapéutica.
Como no tiene confianza en las intenciones positivas
de la terapeuta malinterpreta constantemente sus motivos
y reacciones. Muy a menudo la paciente busca la confirmación
a su convicción de que todas las relaciones humanas
son corruptas. La recuperación de la víctima
de acoso moral, no es nada fácil, y por ello
ha de incluirse en un modelo más amplio de intervención,
el denominado abordaje sistémico del mobbing
elaborado y propuesto por la autora de este artículo
en trabajos anteriores.
Abordaje Sistémico del Mobbing
La Intervención sistémica del mobbing
consiste en comprender que el acoso moral es un fenómeno
social con graves repercusiones sobre la salud de la
víctima, por lo que hay que poder intervenir
en todos y cada uno de los estamentos implicados para
resolver la situación; sin duda hay que incluir
el tratamiento individual del afectado, pero la resolución
de la situación conlleva ampliar más la
intervención y no limitarse a un tratamiento
exclusivamente individual.
El padecimiento psíquico de los afectados por
AMT tiene graves repercusiones sobre su salud. Los síntomas
más habituales de la afectación sobre
la salud de la victima, ya los hemos descrito antes,
son: entre sus efectos primarios, los dolores de cabeza,
musculares y articulares, las alteraciones en sus relaciones
personales e irritabilidad, que pueden derivar en trastornos
de ansiedad, ataques de pánico, sensación
de muerte inminente o cardiopatías. Son daños
psicológicos, no visibles, pero que, muchas veces,
somatizan en daños físicos y que pueden
ir desde dermatitis hasta insomnios o estrés
pasando por depresiones, enfermedades gastrointestinales
e infecciones varias. Lo que sí parece claro
es que, en muchas ocasiones, pueden ser irreversibles.
Las víctimas pierden la memoria y la capacidad
de concentración y, sobre todo, hay un descenso
de la autoestima y la confianza en sí mismas.
Hay que constatar que cuanto más avanza el acoso,
la afectación sobre la salud es mayor y cuando
todas estas medidas han fallado y el trabajador ha quedado
gravemente dañado urge darle una atención
adecuada que le ayude a resolver su situación
y que no agrave su sufrimiento; por ello propongo el
siguiente modelo de intervención con afectados
por AMT basado en dos ejes de intervención simultánea:
por un lado la intervención sistémica
y por otro el abordaje terapéutico individual.
La esencia del tratamiento individual ya ha sido descrito
en las líneas anteriores, en éste apartado
nos centraremos en desarrollar, someramente, el modelo
de intervención sistémica. No podemos
dejar de mencionar que en la Ecología Social
los sistemas implicados son 4: el ontosistema, el microsistema,
el exosistema y el macrosistema. La aplicación
de la teoría de los sistemas al acoso moral consiste
en comprender que el ontosistema hace referencia a las
capacidades de la propia persona afectada, básico
en la terapia individual. El microsistema se refiere
a la familia y al entorno afectivo de la víctima,
que ya hemos comentado que acostumbramos a integrarlos
en las entrevistas terapéuticas. El exosistema
hace referencia a la red social de soporte (sistema
sanitario, judicial, sindicatos, etc...) es por ello
básico que el terapeuta social mantenga una coordinación
fluida con los profesionales del derecho que se ocupan
de los diversos procesos judiciales como con otros profesionales
de las anidad que intervienen en la mejora de la salud
de la víctima. En el exosistema es muy importante
la existencia de adultos significativos, también
llamados tutores de seguimiento (ya sea en el sistema
sanitario, judicial o sindical); y a este respecto vale
la pena destacar la experiencia del proyecto Red-3 de
la asociación de afectados de baleares (ANAMIB).
En cambio el macrosistema lo conforma el sistema social,
y hace referencia tanto a la cultura social como a las
políticas públicas existentes en esa sociedad.
Una buena o mala resolución de un proceso de
acoso podrá ser pronosticada en función
del análisis de estos elementos. Así una
buena resolución de un proceso de acoso vendrá
sustentado en el análisis de los elementos del
sistema social a saber: las capacidades de la propia
víctima (ontosistema), las actitudes de la familia
y de los amigos (microsistema), los recursos de la red
de soporte (exosistema) y la forma de actuar del sistema
social (macrosistema). Para mayor profundización
del modelo de abordaje sistémico del mobbing
recomiendo la lectura de trabajos anteriores de la autora,
ya que este artículo se circunscribe a la relación
existente entre trauma y mobbing.
Conclusiones
Para finalizar esta ponencia queremos resaltar que
el beneficio de una buena intervención terapéutica
con víctimas de mobbing es posible. La persona
traumatizada a menudo se siente aliviada al conocer
el verdadero nombre de su condición. Al reconocer
su diagnóstico empieza a dominarlo. Ya no está
inmovilizada porque el trauma ya tiene nombre, y descubre
que hay un lenguaje para su experiencia. También
descubre que no está sola, que otros han sufrido
de manera parecida; y que no está loca, porque
los síndromes traumáticos son respuestas
humanas normales a circunstancias extremas; y, finalmente,
descubre que no está condenada a padecer siempre
esa condición, sino que puede recuperarse, como
lo han hecho otros, anteriormente.
El terapeuta que debe ayudar a una víctima de
acoso moral en el trabajo a recuperar su equilibrio
emocional, ha de saber que se enfrenta a un ser humano
muy lesionado y cuya capacidad cognitiva puede estar
alterada. Creemos que un conocimiento de las ventajas
y las dificultades que pueden surgir en el tratamiento
individual con víctimas de mobbing puede ayudar
a mejorar la atención terapéutica. Deseamos
que este artículo haya contribuido a proporcionar
a los profesionales de la salud una buena herramienta
a fin de ofrecer a las víctimas de mobbing la
atención terapéutica que merecen.
Notas
(1) Gimeno Lahoz, Ramón. Definición jurídica
de mobbing o acoso moral como: "Presión
laboral tendenciosa encaminada a la auto-eliminación
de la víctima" en la 1ª Jornada de
Análisis Integral del Mobbing en Girona. Nov
2005. Disponible en la web Acoso Moral www.acosomoral.org/pdf/poRGimeno.PDF
también en Escudero y Poyatos (2004,88) Ramón
Gimeno Lahoz que lo define como presión
laboral tendenciosa encaminada a la auto-eliminación
de la víctima y en Gimeno Lahoz, Ramón.
La presión laboral tendenciosa. El Mobbing
desde la óptica de un Juez. Valladolid.
Lex Nova, 2006
(2) Diccionario de la Real Academia Española
define el acoso moral o psicológico, como la
práctica ejercida en las relaciones personales,
especialmente en el ámbito laboral, consistente
en un trato vejatorio y descalificador hacia una persona,
con el fin desestabilizarla psíquicamente.
(3) Parés Soliva, Marina. Concepto de acoso
moral el acoso moral en el trabajo tiene el objetivo
de. destruir la estabilidad psicológica de un
ser humano, a través del descrédito y
la rumorología, con la finalidad de encubrir
un fraude. Se practica acosando grupalmente de tal manera
que la víctima "estigmatizada" no pueda
defenderse, que no pueda hablar o que su palabra ya
no tenga ningún valor. La indefensión
de la víctima proviene de la pasividad de los
testigos de la violencia, que permiten la destrucción
de otro ser humano de manera indignamente cobarde
en "La Comunicación en el Mobbing"
presentada en el Primer Simposio Iberoamericano de Ergonomía
y Psicosociología. Avilés. Octubre 2005.
Publicado en CD del Evento, también en el nº
160 de la revista "Seguridad" editada por
la Comisión de Seguridad en la Industria Siderometalurgica
de Avilés pag.13-33 ISSN 0378-9551 y en "La
Comunicación en el Mobbing" (on line) (ref
30-10-05). Disponible en el sitio Acoso Moral www.acosomoral.org/pdf/ResumAviles.PDF
y en www.elergonomista.com/comunicacionmobbing.htm
(4) Parés Soliva, Marina. Aproximación
conceptual al encubrimiento de un fraude en Las
fases del Mobbing ponencia del V Congreso Nacional
de la Asocición Mexicana de Estudios del Trabajo.
En Oaxtepec. Mayo 2006. Publicada en www.acosomoral.org/pdf/Amet06/Paresm19.pdf
y en el capítulo El lenguaje en el mobbing
en: Cuando el trabajo nos castiga. Debates sobre el
mobbing en México, Florencia Peña, Patricia
Ravelo y Sergio G. Sánchez (coordinadores), Ediciones
Eón y UAM-Azcapotzalco, México, y SEDISEM,
Barcelona, pp. 81-97.
(5) En www.acosomoral.org Zapf, Knorz y Kulla, en 1996,
son: y en Mobbing en la Universidad Rosa
Peñasco (2005,117).