Durante sus investigaciones en
Suecia, Leymann pudo comprobar que los procesos de acoso
siempre ocurren del mismo modo. Los médicos de
empresa, consejeros de personal y sindicatos también
tuvieron que admitir que existía un asombroso
parecido entre los casos. Observando más detenidamente
los incidentes, sorprende que las personas adultas puedan
manifestar unas conductas que sólo pueden describirse
como infantiles, ridículas, antisociales y poco
civilizadas, de tal modo que, a decir verdad, estas
personas más bien tendrían que avergonzarse
de su comportamiento en vez de estar orgullosos de ello,
como ocurre con mucha frecuencia.
Respecto a esto, me acuerdo con
horror de una antigua compañera que no tenía
nada que ofrecer excepto intrigas, de modo que ocupó
un cargo directivo durante escasamente un año.
Un día dijo en voz alta y con orgullo que ya
se las había arreglado varias veces para apartar
de su camino a competidoras inoportunas. ¡Y ya
pueden imaginarse! El jefe tuvo la desfachatez de despedir
a esta compañera un día en el que tenía
vacaciones, ¡a ella, que había trabajado
tanto tiempo y con tanta precisión para echarle
a él! Su respuesta, al enterarse, da una idea
de cómo es ella: "Vaya, al menos él
me podía haber concedido este placer. ¡Con
mucho gusto habría mirado el rostro de esa estúpida
persona!".
Nuestros directivos tienen la
culpa de que algo semejante sea posible, como ya se
ha mencionado anteriormente. La investigación
sueca no conoce ningún caso en el que ni un superior
(y si éste acosa, sus superiores) no puedan haber
controlado el problema con anterioridad. Leymann dice
al respecto: "Pero la gente mira hacia otra parte.
Nadie se preocupa y se va dejando pasar. También
puede afirmarse que un problema se convierta en un caso
de acoso laboral o de terror psicológico, precisamente
porque éste pueda llegar a convertirse en eso".
Si a una mujer como la que se
ha descrito más arriba no se le paran los pies
en su debido momento, puede llegar enrarecer el ambiente
de la empresa y amargar el humor de unos cuantos trabajadores
de tal manera que éstos prefieran despedirse
antes que hacerle frente. Un jefe que no vigila a una
persona así no puede desempeñar su cargo.
Además, él debería saber siempre
que quien mejor acosa, por regla general, se mostrará
siempre fiel en su presencia para asegurarse el respaldo
necesario para su juego sucio. Pero si el querido jefe
no sigue el juego y aún hay otra persona superior
a él accesible, entonces no vacilará en
desacreditarlo ante sus superiores.
A continuación detallamos
algo más sobre las cuatro fases del acoso.
Primera fase. ¿Cómo
se origina un conflicto?
Los problemas de convivencia
son, hasta cierto punto, habituales en la familia, con
la pareja, en el círculo de amigos o en el lugar
de trabajo. Con mucha frecuencia, los conflictos proceden
de nimiedades y tonterías. Si un problema de
este tipo no se resuelve, sigue ardiendo, va aumentando
y, finalmente, puede convertirse en una situación
de acoso. Según Leymann, esta despreocupación
podría mostrarse casi como el motivo más
importante para el origen del acoso laboral.
Hasta qué punto una discrepancia
degenera en una de estas situaciones, depende siempre
de la manera en que los interesados la tratan. Se puede
llevar a cabo bastante rápidamente, si los partícipes
desde el principio dicen lo mismo o contraen un compromiso.
Pero también puede terminar en una enemistad
eterna o incluso llegar a las manos.
Los problemas son necesarios e
importantes para cambiar las cosas. Muchos progresos
positivos de nuestra sociedad se han alcanzado solamente
mediante discusiones constructivas y diferencias de
opiniones. Podría haber muchos menos conflictos
si, según Leymann, "las personas se comportasen
de una forma un poco más cívica".
Sólo una pequeña parte de los problemas
se extiende a casos de acoso, en el sentido estricto
de la palabra.
Segunda
fase. Desde las indirectas hasta el terror psicológico
La segunda fase es decisiva en
el proceso de acoso. Desde el momento en que un problema
no se aclara, la víctima ya puede prepararse.
En poco tiempo ocurren los cambios más espantosos.
Aquel compañero tan apreciado y querido en su
día de repente es ignorado por todos. Su confianza
en sí mismo se altera sensiblemente, se encuentra
presionado y se vuelve inquieto. Según su carácter,
se vuelve arisco, antipático y desconfiado o
se retrae cada vez más en sí mismo y se
mantiene callado a partir de entonces.
Si estas reacciones tienen lugar
después de que haya aparecido un problema de
manera más o menos manifiesta, el proceso seguirá
adelante. Sin embargo, si la táctica se presenta
de repente, el acosado ya no podrá mantener contacto
con sus compañeros y automáticamente se
verá expuesto a un constante papel defensivo.
Las personas que permanezcan al margen notarán
que le pasa algo extraño.
Es muy posible que la persona
que recibe este trato no tenga que pasar por esta segunda
fase. Especialmente si un superior, justo después
de la primera acometida, por decirlo así, hace
callar al acosador enseguida. En ese caso, probablemente
se pasará de la primera a la tercera fase.
Tercera
fase. El asunto se hace público
El acoso laboral no puede mantenerse
en secreto durante mucho tiempo. No es difícil
que la sección de personal o el comité
de empresa sospechen e intervengan en el asunto. Pero
entonces, la mayoría de las veces ya será
demasiado tarde para la víctima, que estará
tan dañada psíquicamente que se comportará
muy mal, ya no aportará el rendimiento esperado
y, muchas veces, debido al ambiente insoportable en
la empresa, habrá comenzado a ausentarse de manera
injustificada. De este modo, quienes no han participado
en las maniobras de acoso también verán
la incapacidad y el fracaso de la víctima.
A menudo se intenta trasladar
a la persona en cuestión a otro departamento
o incluso se le amenaza con el despido. A partir de
ese momento la víctima es considerada una persona
"difícil" y un "estorbo"
del que conviene deshacerse lo antes posible. En esta
situación, es muy probable que todo se le escape
de las manos y los problemas comiencen a aumentar vertiginosamente.
Bastante a menudo, mediante estas
medidas preventivas se infringen las leyes vigentes.
Y todo esto sólo porque se obsesionan con la
idea de deshacerse de esta persona "difícil".
Muchas acciones de acoso laboral no son demostrables
y según el Código penal no se consideran
injurias o difamaciones, por lo que no pueden aceptarse
en un proceso judicial laboral.
Si pudiesen ponerse en marcha
medidas jurídicas laborales, el caso se hará
oficial en toda la empresa. Como entonces se cuchicheará
que algo no va del todo bien con el trabajador en cuestión,
y las personas que saben poco acerca del procedimiento
de acoso laboral, pensarán que alguna razón
habrá para que haya sucedido.
A víctima ya no tiene ninguna
oportunidad más. Si nadie la ayuda, lo que sucede
la mayoría de las veces, a medida que pasan los
días se sentirá más excluida. De
nuevo el asesinato moral habrá funcionado perfectamente.
Cuarta
fase. El acosado se da por vencido
Por regla general, los casos avanzados
de acoso laboral terminan con un despido. O bien la
víctima se despide voluntariamente de la empresa
porque ya no tiene más fuerzas, o bien el empresario
encuentra algún pretexto para despedir a esta
"persona molesta". Con frecuencia, algunas
de las personas que se ven sometidas a fuerte presión
acceden a pactar una rescisión de contrato.
La persona que es acosada durante
largo tiempo suele sufrir graves enfermedades psicosomáticas.
A menudo se le prescriben bajas médicas de larga
duración e incluso acaba apartada del mundo laboral.
Quien ha sufrido acoso una vez
tiene problemas para encontrar un nuevo puesto de trabajo,
ya que teme que en la nueva empresa no la crean y se
pongan en contacto con la empresa anterior para saber
qué ha pasado. En algunos casos la víctima
está tan afectada física y mentalmente
que no puede ocultar su problema en una entrevista personal.
Estas derrotas vuelven a colocar
al trabajador bajo una enorme presión psíquica.
Se siente perdido y piensa en el suicidio. Un gran número
de personas en situación de acoso intentan suicidarse.
Según los cálculos, cerca del 20 % de
los suicidios se basan en el acoso laboral.
fuente: "Mobbing, el acoso moral en
el trabajo" por Trude Ausfelder