El el tema del Acoso Moral, nos
queda por determinar una cuestión espinosa, se
trata de la detección
del instigador principal. Es muy habitual que
éste se mantenga en la sombra, a menudo ni la
propia víctima sabe quién está
detrás de todo, y afirmamos que va ser más
difícil su detección a medida que el nivel
de perversión del psicópta integrado sea
mayor.
En estudios anteriores hemos defendido que un método
eficaz para detectar al instigador del acoso está
en el análisis de la comunicación verbal
y no verbal del mismo. La organización es quien
más interesada ha de estar de poder descubrir
quien es, y debe poder distinguirlo del resto de acosadores
que conforman el gang de acoso. En el instigador de
un acoso, su propia patología lo encaminará
a buscar a otra víctima donde poder descargar
sus conflictos internos, si la primera está siendo
fuertemente protegida por la institución.
El instigador de un acoso es un psicópata integrado
y como tal va a seguir dañando emocionalmente
a sus prójimos de una manera oculta, ya lo señaló
Garrido "los que hayan desarrollado los síntomas
más malignos, como una visión endiosada
personal y un gran deseo de manipular junto con una
profunda ausencia de empatía, tendrán
más posibilidades de dañar emocionalmente
y fisicamente, pero en determinadas ocasiones y de modo
oculto, a sus allegados" (Garrido, 2004:203).
Llegar a saber quien es el instigador, se conseguirá
a través del análisis del tipo de comunicación
que utiliza, por ello habrá que estar atentos cuando
nos encontremos con personas, en el seno de la organización
que, de una u otra manera, acostumbran a ser injustas
con sus semejantes y que nunca se hacen responsables de
sus acciones ni se apenan por el daño inflingido.
A la mayoria de los seres humanos nos disgusta haber
dañado a otra persona llevados por esporádicas
situaciones de descontrol emocional, pero en los casos
de hostigamiento estamos frente a actuaciones repetitivas
y reiteradas de violencia dirigidas hacia un blanco,
llevadas a cabo por personalidades psicopáticas,
sociopáticas y paranoicas, por ese motivo no
hay compasión hacia la víctima y esto
explica la saña en que es perseguida.
A modo de resumen podemos decir que el psicópata
es aquél individuo que nace con una tendencia
innata a la manipulación y a la explotación
de los demás, son personas que actúan
cruelmente contra los demás, son los instigadores
del acoso moral en el trabajo, y son de difícil
detección.
En cambio, sus ayudantes en el acoso son los sociópatas,
éstos son personas que han adquirido su brutalidad
en el ambiente social conflictivo en el que han crecido
y manifiestan su agresividad con actos de violencia
manifiesta, no solapada y por ello son facilmente detectados.
Actúan como matones contra la víctima
y acostumbran a ser manipulados por el instigador principal.
A veces son ellos, los matones, los que nos daran la
pista de quien es el instigador, dado que siempre serán
los mejores amigos, compañeros o aliados del
instigador, y muy a menudo justificarán su violencia
contra la víctima, en un giro perverso, como
una manera de defender a su "amigo" de la
víctima o de darle un merecido castigo a la misma
por haber "molestado" al instigador del acoso.
Un instigador a punto de ser descubierto
fomentará que cualquiera de sus aliados más
próximos se haga responsable del acoso de tal
manera que él pueda seguir maquinando en la trastienda.
Cuando un proceso de acoso es de larga duración,
el instigador habrá de ir sacrificando a diversos
aliados, a modo de peones de ajedrez, pues los habrá
quemado en su largo, cerco a la víctima. La falta
de empatía del instigador de un acoso, también
se manifiesta en estos casos, ya que consiente que todas
las culpas recaigan sobre su socio; de nuevo su carencia
absoluta de lealtad traduce su dificultad en establecer
relaciones emocionales plenas. Cuando ya no le son útiles,
abandona a sus aliados a su suerte. El sociópata,
en cambio, no nació brutal, fue un entorno violento
quien le hizo así, por lo que puede poseer algunas
cualidades de lealtad y afecto sincero por su líder.
El tercer tipo de personalidad
que conforma un gang de acoso es el formado por personas
envidiosas y con un fuerte elemento paranoico en sus
personalidades. Este hecho, por un lado, les hace desear
la destrucción de lo excelso de la víctima y por otro
les impele a atribuir a la víctima sus propios deseos
de destrucción. Esa atribución "en espejo", les hace
ver un tinte persecutorio en la defensa, por parte de
la víctima, y es ese elemento persecutorio atribuido
a la víctima, el que se traduce como "miedo" a la víctima,
atribuyéndole una malignidad no contrastable en los
hechos. El envidioso manifiesta una incapacidad absoluta
de poder ver la realidad de la situación, que no es
otra que el absoluto aislamiento y desvalimiento de
la verdadera víctima de acoso, mientras se le está atribuyendo
toda suerte de malignidades.
Por tanto afirmamos que la adscripción
a un gang de acoso, indica que esa persona tiene un
cierto grado de alteración de la personalidad,
ya que sin estos rasgos no podría en modo alguno
aguantar la persistencia constante de agresión
a la víctima. Hay que tener una cierta podredumbre
moral interna para seguir pertenenciendo a un gang de
acoso y dañar repetitivamente a otro ser humano.
De todas formas no debemos olvidar, que el instigador
del acoso, también, se va a rodear de personas
sin alteración de la personalidad, que aunque
no violentan directamente a la víctima, son los
colaboradores necesarios del acoso, éstos han
estado manipulados, ya sea con la promesa de prebendas
o con el temor al castigo. Son los que dejan de dirigirle
la palabra a la víctima, los que propagan rumores
y chismes, los que proporcionan los medios organizacionales
que contribuyen a la indefensión de la víctima
de acoso moral en el trabajo.
Entre éstos, muy a menudo,
surge la figura del aprovechado, del comunmente denominado
trepa, se trata de una persona ambiciosa que se deja
llevar por la envidia hacia la víctima y que
desea apropiarse, sin esfuerzo, de los bienes de la
misma. El trepa consigue los bienes de la víctima,
a modo de prebendas, por parte del grupo de acoso. Este
supuesto tiene lugar cuando el grupo de acoso ha de
mantener las apariencias y apropiarse directamente de
los cargos de la víctima, o su ordenador, o quedarse
con su cartera de clientes, o con su puesto de trabajo
les reportaría descrédito dentro de la
institución; es entonces que permiten la ascensión
del trepa que va a estarles profundamente agradecido
al principio, pero que más adelante cuando quiera
zafarse de la presión manipuladora comprenderá
que vendió su libertad de decisión, y
se encontrará formando parte de la red de deudores
que rodean al instigador principal.
(1) Estracto basado en la Conferencia
Magistral "Mobbing: conociendo al grupo acosador
desde la antropología" impartida en el .XIII
Coloquio Juan Comas de Antropología Física
.Campeche (Mexico). Noviembre 2005 y en el capítulo
7 del libro "Cuando el trabajo nos castiga. Debates
sobre el mobbing en México". Peña,
Ravelo y Sanchez (coordinadores). Ediciones Eón
y UAM-Azcapotzalco, México, y Servicio Europeo
de Información sobre el Mobbing, Barcelona, 2007.
ISBN 978-968-5353- 96-0.
(2) Marina Parés Soliva.
Diplomada en Trabajo Social. Perito social jurídico.
Experta en Acoso Moral. Presidenta del Servicio Europeo
de Información sobre el Mobbing- SEDISEM, socia
de honor de la Asociación No al Acoso Moral en
les Illes Balears- ANAMIB, y miembro de la Asociación
Mexicana de Antropología Física- AMAB