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ARTICULOS
“La
maldición ha caído sobre mi!”, exclamó la Dama de Shalott
(Alfred Tennyson)
Por Dra. María Soledad
de Franco
Tarde, demasiado tarde, las víctimas del acoso
moral en el trabajo, toman conciencia de lo que les
acontece.
Por carecer de toda lógica este repugnante asedio,
el acosado el día en que abre sus ojos y descubre
ante si su tragedia, bien puede ser asimilado al sentir
de la Dama de Shalott quien al dirigir su mirada hacia
lo prohibido ve consumada ya- la terrible maldición,
que durante tanto tiempo la preocupaba:
Ha escuchado un susurro que le
anuncia
que alguna horrible maldición le aguarda
si mira en dirección a Camelot.
No sabe qué será el encantamiento,
y así sigue tejiendo sin parar,
y ya sólo de eso se preocupa
la Dama de Shalott
Introducción.-
Todos somos capaces de indignarnos ante una injusticia,
sufrir ante actos criminales, e incluso sublevarnos
frente a situaciones extremas en las que violencia se
convierte en tragedia. Nos horrorizamos al oír
informativos o leer la denominada crónica roja,
mas esa capacidad de asombro está adormecida
cuando de violencia moral se trata. Quizá por
la intangibilidad del daño moral, quizá
por falta de conciencia de la real existencia de este
tipo de violencia y muy probablemente por aquello de
que lo que no se padece no se comprende.
Todos hemos recibido en algún momento de nuestra
existencia algún ataque verbal, probablemente
también sufrimos un ataque físico en nuestra
persona o en la de algún amigo o conocido. El
haber padecido, nos hace sensibles ante el dolor ajeno
similar, nos hace empáticos, permite ponernos
en el lugar del otro.
A fin de aportar luz en nuestras conciencias acerca
de esta insania dada en llamar acoso moral en el trabajo
o acoso laboral, dedico mis próximas palabras
en tributo de las víctimas.
El conocimiento es poder. Hagamos
esta frase realidad: aprendamos en qué consiste
el acoso laboral, para terminar con él.
Cambio en las relaciones laborales
y vacío legal.
Tiempo ha, la humanidad comenzó a vivir un proceso
signado por dos metas:
1) Acceder a opciones de consumo cada vez más
amplias, obteniendo así un buen nivel
de vida;
2) Ocupar puestos de trabajo rentables, pero que sobre
todo den status y poder. De este combo, surge como lógica
consecuencia, que la ética sea dejada de lado
en pos de la obtención de las metas y así
se haga todo sí, todo- lo que sea necesario
para perpetuar el nivel de vida y laboralmente escalar
sin descanso en aras del tal anhelado status.
De lo expuesto se desprende que, todo medio será
lícito para quienes deseen alcanzar sus metas,
en clara aplicación del maquiavélico el
fin justifica los medios. El destino soñado
es el ascenso laboral, con lo que todo y todos los que
estén en medio del trayecto deben ser anulados,
cuando no eliminados.
En esa línea, el compañero de trabajo
más preparado, o que simplemente es percibido
como más capaz, se transforma en una amenaza,
que el escalador debe desarticular.
Oportuno es hacer mención que el alpinista es
asediado por su voz interna, que le evidencia su incapacidad.
Así, al ser consciente de que no es lo suficientemente
capaz para competir lícitamente con sus pares,
este frustrado sujeto, comienza a maquinar tácticas
con las que eliminar el estorbo que le hace sombra.
Los acosadores, en su inconfesable conocimiento de
sí, no dudan en emplear cualquier tipo de estrategia
a fin de rebajar a su compañero, para así
a incompetentes, no dudarán en emplear cualquier
medio descalificatorio de su superior colega. Así
desparramarán chismes por doquier, interpondrán
todo tipo de escollos a su víctima, con un único
fin: expulsarlo del sistema.
Solamente de esa manera podrán satisfacer sus
ansias de reinar. Si no fuera por la gravedad del daño
que provocan, serían seres su altura. Innecesario
es decir que estos maquiavélicos merecedores
únicamente de lástima. Pero lamentablemente,
la lástima no sirve cuando se busca juzgar la
actitud de un individuo que ha destrozado moralmente
a otro, valiéndose en el caso de nuestro país
de la inexistencia de una ley que sancione sus atropellos.
Libre de todo control, el acosador se siente realizado
a través de su perverso actuar, realización
imposible, de tener que competir lícitamente
con su víctima por aquello que anhela.
La traición es su mejor arma, la delación
su herramienta y la ausencia de culpa por su proceder
inhumano, son sus principales aliados.
En tanto la víctima, generalmente muy superior
en cualidades al acosador, se va desgastando, comienza
a dudar de sí mismo y las enfermedades psico-somáticas
golpean su vida. Se vuelve irritable cuando no abúlico,
sus vínculos de contención comienzan a
resquebrajarse hasta que en un momento incapaz de identificar
con precisión, enfrenta la cruda realidad: está
sólo. La familia y amigos no comprenden qué
le sucede y agravan su situación aconsejándole
calma, diciéndole que es una percepción
personal, e incluso muchos llegan a invitarlos a consultar
con un psiquiatra. Esa falta de empatía, es decisiva
para que se precipite el hundimiento.
Una vez comenzado el descenso, la salida se torna cada
vez más difícil y cual crónica
de una muerte anunciada cuadros psiquiátricos
aparecen en escena. En los casos más severos
no basta con una mera terapia con la onerosidad
que la misma implica- sino que los psicofármacos
se transforman en parte de la vida del acosado. Las
somatizaciones están a la orden del día,
y las bajas médicas no tardan en llegar, el ausentismo
laboral dice presente y nuevos reproches al acosado
encuentran en tal situación un fundamento.
A grandes líneas pues, el daño moral
y en algunos casos también físico signan
el destino de la víctima, quienes para escapar
del horror laboral diario terminan renunciando e incluso
quitándose la vida, cuando no despedidas. En
ese momento el acosador ha cumplido con su objetivo.
Sin dudas quien sigue omiso en el cumplimiento de sus
deberes, es el legislador oriental, que por desconocimiento,
descrédito o simple falta de interés,
sigue cruzado de brazos ante un tema tan acuciante como
el acoso moral en el trabajo.
La dignidad de las personas no es pasible de transacción.
Es imperiosa una ley que trate de forma seria e integral
esta problemática, tanto en su profilaxis como
en su sanción. Imperatividad insoslayable, si
de verdad, queremos hablar seriamente de derechos humanos.
Dra. María Soledad de Franco,
colaboradora del Portal Acoso Moral Laboral
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