El director del Barómetro
Cisneros sobre acoso laboral, Iñaki Piñuel,
ha calificado el protocolo de prevención de la
Universidad CEU Cardenal Herrera en esta materia como
"pionero en el ámbito universitario español",
así como un "modelo a implantar en todas
las universidades".
El director del
Barómetro Cisneros sobre mobbing, Iñaki
Piñuel, ha afirmado hoy durante la presentación
del protocolo de actuación en materia de acoso
laboral de la Universidad CEU Cardenal Herrera (Valencia)
-del que forman parte representantes de la dirección
y del comité de empresa- que la universidad española
"es uno de los sectores con más casos de
mobbing". "En las organizaciones donde hay
burocracia, regímenes endogámicos, competitividad
y rivalidad o prácticas feudalizantes, como es
el caso de la universidad, es más frecuente que
se produzcan situaciones de acoso". "Es bueno
ha añadido- que las universidades establezcan
un marco de tolerancia cero frente al mobbing".
Este experto europeo en la investigación
y divulgación de la lucha contra el acoso laboral
ha calificado el protocolo de prevención de la
Universidad CEU Cardenal Herrera en esta materia como
"pionero en el ámbito universitario español",
así como un "modelo a implantar en todas
las universidades". "Hay que felicitar a la
Universidad CEU Cardenal Herrera por su elaboración
y animar a otras universidades a protocolizar del mismo
modo, ya que en los entornos académicos, especialmente
en la educación superior, es donde más
acoso se produce, tras la función pública".
Según el director de Recursos Humanos de la
CEU-UCH, Óscar Cortijo, este protocolo tiene
una finalidad preventiva: "Los casos de acoso laboral
son indignos y hay que intentar que no se produzca ni
uno solo. No queremos ambientes ni contextos tóxicos
en los que las personas que acosen queden impunes".
Según ha informado, el Consejo de Gobierno de
la Universidad ha aprobado ya este protocolo y esta
tarde se constituirá la comisión anti-acoso,
encargada de la instrucción confidencial de los
casos que se notifiquen, con presencia entre sus miembros
de los representantes legales de los trabajadores.
Para el profesor Piñuel, el mobbing "no
es institucional, lo practican las personas y es a ellas
a las que hay que dirigir el reproche jurídico".
Por este motivo señala que es la empresa la que
debe dar el paso de actuar contra los acosadores. Piñuel
afirma que estos protocolos producen "reducción
a cero" en las instituciones que los implantan,
puesto que "los que acosan detectan que se ha roto
la impunidad, que es el caldo de cultivo de las conductas
acosadoras". Junto al secreto, la confusión
en la evaluación del acoso con un conflicto laboral,
con un problema de liderazgo o con un problema mental
o personal de la víctima es otro de los ingredientes
que favorecen la aparición del acoso. "Los
protocolos anti-acoso rompen esta situación,
porque evitan un diagnóstico distorsionado por
falta de conocimiento de lo que es verdaderamente el
mobbing".
Miedo en las víctimas
La culpabilización y la paralización
de las víctimas por miedo a los acosadores es
otro de los factores que este tipo de protocolos anti-acoso
contribuyen a eliminar: "Un protocolo como éste
define que la institución se posiciona contra
el acoso y que la persona afectada tiene derecho a pedir
ayuda, como alternativa al silencio o a la judicialización
de su caso como única alternativa". Un elemento
especialmente importante para Piñuel, dado que
"el 90% de las víctimas terminan fuera de
la organización para poner fin a su problema,
por eso hay que animar a la aplicación de protocolos
como éste en todas las organizaciones".
Según Iñaki Piñuel, que ha tratado
como psicólogo especialista a más de dos
mil víctimas de acoso laboral en los últimos
años, las secuelas de
estas situaciones duran años y pueden provocar
en el trabajador la pérdida de la capacidad laboral
previa, cuadros de estrés
postraumático cronificados, insomnio, miedo,
incapacidad de disfrutar o de experimentar alegría
e irritabilidad en las relaciones personales. Incluso
en ocasiones, los problemas de salud derivados pueden
acabar con la vida del trabajador. Para Piñuel,
el trabajo es el único lugar donde se puede
acabar con la vida de otro sin ni siquiera tocarlo y
sin consecuencia jurídica alguna, tal y
como recogió en la portada del primero de sus
nueve libros sobre esta materia, en la que es considerado
uno de los principales expertos a nivel europeo.