Por: María del Carmen
Calderón Berrocal -
Lda. Geografía e Historia. Archivera
Técnico Prevención Riesgos Laborales
El mundo de la Archivística
y Gestión Documental, Biblioteconomía
y Documentalismo como observatorio
El artículo pretende llamar la atención
sobre un gravísimo problema que desgraciadamente
he tenido la oportunidad de comprobar que afecta mucho
en este campo profesional, se rehuye hablar de él,
la gente no se implica, y eso da pie para que los agresores
se crezcan, no es más mejor la solución
más rápida y más cómoda
y fácil para las empresas, sean públicas
o privadas, se puede caer en la complicidad de un delito,
y muy grave, por sus efectos se puede reconocer la gravedad.
Las víctimas de acoso psicológico en
el trabajo quedan muy afectadas. Las injurias o los
bulos, las agresiones verbales, humillaciones, críticas,
acusaciones gratuitas, dejar su puesto de trabajo vacío
de contenido, son conductas típicas de los acosadores
laborales. Los expertos suelen clasificarlos siguiendo
un patrón doble.
Por un lado Psicópatas
en la organización, gente normal que puede
resultar encantadora pero que no tiene ni conciencia
moral ni ética. Por otra parte Narcisistas,
que eliminan de su alrededor a todos quienes puedan
hacerles sombra e intentan rodearse de personas mediocres
y sumisas.
Tiene efectos múltiples este tipo de maltrato
psicológico en el ámbito laboral de forma
continua y reiterada, con premeditación y con
consciencia de lo que se está efectuando. Un
maltratador, un acosador, no lo es casualmente, ni sin
darse cuenta, la premeditación es inherente a
este delito también conocido como «mobbing»;
entre sus efectos primarios tiene dolores de cabeza,
musculares y articulares, irritabilidad, ansiedad, ataques
de pánico, sensación de muerte inminente
o cardiopatías, pérdida de memoria, capacidad
de concentración y autoestima, pérdida
de la confianza en sí mismas .; ocasionando
otros daños psicológicos, no visibles,
pero que, -muchas veces-, somatizan en daños
físicos y que pueden ser desde dermatitis hasta
insomnios o estrés pasando por depresiones, enfermedades
gastrointestinales; unos daños que, en muchas
ocasiones, pueden ser irreversibles, y cuanto más
avanza el acoso, más difícil es su recuperación.
No estamos hablando de mal
ambiente de trabajo, estamos ante un delito, y muy grave
por las consecuencias que del mismo se desprenden.
El acoso psicológico en el trabajo, suele entenderse
como las situaciones de maltrato producidas, al menos,
dos veces por semana y de forma reiterada durante seis
meses; pero sin embargo, afortunadamente hay sentencias
que se fijan más en la gravedad del daño
que en la periodicidad de las agresiones, y si se demuestra
la intencionalidad delictiva del acosador, si se demuestra
que el acosador pretendía causar daño,
a veces, ni siquiera es necesario llegar a los seis
meses de rigor, ya que en un tiempo considerablemente
inferior se pueden estar produciendo graves daños.
Hay que precisar que el acosador
huye del maltrato físico y extrema su cuidado
porque sabe perfectamente que ser descubierto y con
presencia de testigos, lo sitúa en los tribunales
con total seguridad.
Por otra parte existen tantos casos de acoso vertical,
el que ejerce el jefe hacia sus inferiores jerárquicos,
como horizontal, el que se establece entre compañeros;
del mismo modo puede existir acoso laboral vertical
en sentido inverso, el que se produce desde niveles
jerárquicos inferiores hacia superiores, caso
típico del acoso a un profesor por parte de parte
del alumnado.
En este último caso, igualmente se establece
el tipo de rivalidad y lucha de poder unilateralmente
(de parte solamente del lado del acosador) hacia el
docente; en el mejor de los casos el docente
podrá padecer un caso de burnout,
que es el llamado síndrome del quemado. Si la
jerarquía no soluciona los problemas, el acosado
tendrá dos salidas, la enfermedad o la renuncia
a su puesto.
Según la intencionalidad existe un tipo de maltrato
que surge de la propia empresa buscando un despido barato
y decide hacer enfermar a una persona a través
de este tipo de prácticas conductuales, la víctima
caerá en una depresión con una sintomatología
de síndrome
postraumático y entrará en una fase
de incapacidad temporal o permanente según sea
la gravedad de los daños.
También existe la modalidad del acoso basado
en un disfrute psicopatológico donde una víctima,
que en principio presenta una personalidad fuerte, termina
convirtiéndose en alguien débil, o vulnerable,
por su afectación, tales son los extremos a los
que se deviene por medio del acoso laboral.
Es por esto que es importante que quede constancia
por escrito de que la persona se reconoce como tal,
de que se siente víctima y que, desde ese mismo
momento, se esfuerce por superar las circunstancias
que la hacen sentirse así. Llevar
un diario laboral es algo fundamental para después
no dudar de lo que ha pasado, las habilidades psicológicas
del acosador no son pocas, suelen tener infinitos recursos
para llevar a cabo un elaboradísimo plan de actuación,
son escrupulosos estrategas que basan su fuerza en infundir
miedo a su víctima y cuya defensa será
decir e intentar probar por todos los medios que a su
víctima le falla la cabeza.
El diario de trabajo, partes y notas informativas datadas
y rubricadas, con testimonio de recepción, serán
un arma inigualable en el futuro proceso judicial, de
donde la víctima va a poder recabar tanto fechas
como circunstancias y testigos; el acosador evitará
de todo punto evitar la concurrencia de testigos y sus
tropelías tendrán lugar
la mayor parte de las veces cuando no haya nadie que
pueda dar fe de sus actos.
Aunque normalmente, es muy difícil encontrar
apoyos de compañeros incluso si estos son considerados
como amigos de la víctima, la gente no quiere
problemas; sin embargo de vez en cuando podremos sorprendernos
gratamente ver concurrir a personas absolutamente desinteresadas
y que en virtud de la justicia presentan su declaración
y testimonio.
Es conveniente que la víctima antes de que empiece
a ver resquebrajarse su fuerza psicológica, ponga
el caso en conocimiento de la empresa o/y de la Administración,
de los sindicatos, inspección de trabajo y departamentos
de prevención. Nunca
callar, porque hablar es una de las formas de cortar
el acoso. Aunque en ocasiones, nada de esto vale,
las circunstancias parecen confabularse contra la víctima
gratuitamente tal como si fuera el objeto directo de
un complot lamentable.
Hay que decir que el hecho de ser acosado no implica
una debilidad previa de la víctima. Y no hay
que confundir la realidad personal con la imagen que
tenemos de la víctima, cuando ya ejerce de tal,
la víctima como la persona que queda después
del acoso, personas que cuando pasan a ser blanco del
acoso se convierten en débiles; pero porque están
afectadas, pero en realidad no lo son, si lo fueran
realmente, habrían cedido antes o después
a las pretensiones del acosador, que establece una lucha
de poder con ella, aunque una lucha unilateral; porque
la víctima, en principio, ni repara en la persona
del acosador, que podrá actuar solo o en grupo;
no por manifestarse solo deja de poder considerarse
como acoso porque no existe concurso de otros, el concurso
de otros puede o no existir, el acoso se establece independientemente
del grupo anexo, aunque indudablemente, si existe, contará
con él para manipularlo a su antojo y en su beneficio;
por lo que es una verdadera vergüenza que el grupo,
-que adopta la personalidad de un rebaño de oveja-,
se deje manipular, por cobardía, por conveniencia
o por complicidad activa o pasiva, pues recordemos que
la omisión y la inhibición en determinadas
ocasiones, puede ser sinónima de delito, porque
estamos ante hechos delictivos. No lo olvidemos, un
delito, luego el acosador es un delincuente, y su cómplice
otro.
Los acosadores suelen ser personas cobardes que, cuando
la víctima les planta cara con seguridad y les
demuestra que se les va a hacer frente, cortan con los
malos tratos, porque quieren obtener placer pero sin
asumir muchos riesgos. De todas formas existe otro tipo
de acosador que para nada es cobarde, es inherente a
su condición ser osado y atrevido y carecer de
principios morales y éticos, lo que le emborracha
inhibiéndole y le obnubila porque pierde la perspectiva
de toda referencia moral y/o ética frente a su
víctima, en un afán de reafirmarse y reconocerse
como persona o personalidad
válida pues entiende que es superior porque puede
con la víctima. Todo un trastorno psicológico.
Esto pasa en la sociedad competitiva en la que vivimos,
individualista, insolidaria, inhumana y sin conciencia
social real.
El Efecto del Acoso en las Víctimas es de todas
todas muy negativo, se deja sentir en sus relaciones
sociales que se resienten con conflictos y en la desgana
de la víctima para atender encuentros sociales
donde el acosador podría aparecer, y en general
desgana por atender a las relaciones sociales, la víctima
está cansada por dentro, no tiene ganas de nada,
pero que de nada.
Como resultado del acoso, las víctimas pierden
tiempo tanto en trabajo como en estudios porque la cabeza
no les deja de dar vueltas, buscando una explicación
a tantos desmanes o por una definitiva pérdida
de concentración y de confianza en sí
mismas; buscan alejarse del problema y pueden decidirse
por un cambio de trabajo o de centro.
Generalmente la víctima además de no
encontrarle solución al problema advierte que
sus acciones, sean cuales sean,
no logran sino empeorar la situación;
y esto, fundamentalmente, porque el acosador de ninguna
manera quiere una solución, el problema lo ha
creado él con un fin, deshacerse de la víctima,
por supuesto no va a dialogar ni a pactar nada con ella,
a menos que sea en términos de dominación,
ese sí es su objetivo: reducir a la víctima,
que no es sino un objeto pasivo de su admiración,
pero la envidia enturbia su visión y en vez de
admirar lo que hace es atacar lo que no puede alcanzar.
Esto se da en cualquier tipo de trabajo, y en la docencia
se puede establecer una relación de admiración-rivalidad
por parte de determinados miembros del alumnado con
respecto al propio profesor, que puede con suerte, reconducir
la situación, acudir a la dirección, o
decidirse por la renuncia. La mayoría de las
víctimas de acoso no sabrán por qué
actuaciones determinarse para terminar su victimización,
para solucionar el problema. Pero dos no pelean si uno
no quiere, y lo mismo, dos no se avienen si uno no quiere,
y en el caso del acosador inherentemente a su condición
está la negativa al acuerdo. Y así la
víctima vivirá el conflicto con temor
a que el próximo ataque sea peor que el anterior,
porque si no se ataja, el acosador se crece, y puede
llegar hasta límites insospechados. Pero por
otra parte el acosado es un ser social, pacífico,
educado, civilizado; el acosador aunque pueda aparentar
educación e incluso sutileza, cree que vive en
plena selva, a las leyes que se ajusta no son las consensuadas
socialmente, sino las suyas propias, las que él
mismo impone, y a las que el acosado no se permite rendirse,
y esto es precisamente el motivo de su calvario.
Estamos viendo que el mobbing es el acoso psicológico
en el trabajo y que tiene el objetivo
de destruir la estabilidad psicológica de una
persona gratuitamente, a través del descrédito
y se manifiesta cercando, acosando grupalmente, de tal
manera que la víctima se vea señalada,
acorralada y no pueda defenderse, porque los testigos
de repente se convierten en mudos, testigos pasivos
que permiten el descrédito, tortura y destrucción
de una persona empezando por su moral, por su espíritu,
para llegar a somatizar y crear en el objeto pasivo
verdaderos padecimientos físicos; ni tampoco
explicarse, ya que el descrédito en el que la
han sumido ha desvalorado sus palabras y su criterio,
aunque sea el correcto, y llegue a carecer de valor
alguno.
El aislamiento al que la víctima quedó
sometida traerá sus consecuencias, no solo laborales
como por ejemplo la posible claudicación de sus
sistemas de afrontamiento o posibles despidos, jubilaciones
anticipadas, invalidez, la exclusión del mundo
laboral, alteración del equilibrio socioemotivo
y psicofísico de la víctima, problemas
psicológicos varios que pueden llegar hasta el
suicidio o accidentes laborales cuando menos, con resultado
de muerte o no. Si el principal objetivo del acosador
es que la víctima desaparezca del ámbito
laboral, vemos con lo anteriormente dicho que realmente
en muchas ocasiones lo consigue hasta literalmente;
y esto como castigo a no sometimiento.
Y la empresa también queda castigada, el no
afrontar positivamente el problema también traerá
consecuencias para ella, para la organización,
pues tendrá que afrontar la pérdida de
los trabajadores más brillantes y con ello se
expone a un descenso de la eficacia por el mal clima
laboral reinante, un contexto tóxico y expansivo,
también la desaparición de la eficiencia
por la extensión de la mediocridad técnica
y humana.
Para afrontar la recuperación ha de lograrse
la desactivación emocional, desconectar emocionalmente,
dejar de captar tantas emociones, difícil sin
duda; y haber superado el conflicto haciéndose
fuerte ante él y volver a experimentar ilusión
por vivir, saber que existe una vida, que puede ser
hasta feliz, después de un caso de acoso. A veces
la vida depara sorpresas muy gratas, pero hay que pasar
página y vivir, sentir, seguir creciendo personalmente,
sin que ningún indeseable se interponga en el
camino; es fundamental cambiar de ambiente, un cambio
de tercio, que aparentemente puede ser considerado por
algunos como una derrota, lo que puede significar es
una inmensa victoria, con la seguridad de que una vez
superado el caso, la víctima se habrá
fortalecido y madurado y se puede proyectar hacia el
exterior, si quiere exponiendo incluso su experiencia,
con el objetivo de abrir los ojos de otras personas
a la realidad candente de un pobre, miserable, mundo
y ambiente laboral general. La mediocridad laboral es
promovida por la envidia del acosador; esto se combate
creando un clima laboral sano, educando a la gente,
concienciando y aplicando políticas de RSC o
Responsabilidad Social Corporativa.
Para las víctimas de acoso este hecho supone
un impacto negativo significativo en sus relaciones
sociales. El acosador crea conflicto en las relaciones
socio-laborales de la víctima, y en la mayoría
de los casos el motivo son los celos profesionales o
personales. Las víctimas suelen presentar o sufrir
conflicto en sus amistades como resultado de ser acosadas;
de este modo el conflicto suele sustentarse en la desgana
de la víctima para atender las relaciones sociales
que el acosador podría frecuentar, y la frustración
del amigo surge al creer que la víctima no estaba
desalentando suficientemente a su acosador.
El acosador se sitúa fuera del tiempo, no es
acosador sobre un objetivo determinado en un momento
determinado, si esto fuera así el acoso tendría
la posibilidad de expirar algún día; por
el contrario el acosador lo es en el tiempo, va más
allá del aquí y ahora, lo será
por años, y si la víctima desaparece de
la cercanía del acosador, si vuelven a coincidir
por circunstancias de la vida en el mismo puesto de
trabajo, con muchísima probabilidad la víctima
volverá a ser acosada por la misma persona. Y
como en el caso de la violencia de género, muchas
de las víctimas vivirán con miedo perpetuo
a volver a verse acosadas o asaltadas físicamente,
psicológicamente, sexualmente o temer incluso
por su vida, en el caso de la violencia de género,
muy desgraciadamente esta última aseveración
llega a consumarse con penosa frecuencia.
Hay que decir que así como no hay una típica
víctima, si existe una personalidad definida
de acosador, que siguiendo a Marie-France
Hirigoyen, en su obra El acoso moral,
sería un conjunto de características que
confluyen de forma determinante tales como aquel sujeto
que tiene una idea grandiosa de su propia importancia,
que le absorben fantasías ilimitadas de éxito
y de poder; que se considera especial y único;
que tiene una necesidad excesiva de ser admirado; que
piensa que se le debe todo; explota al otro en sus relaciones
interpersonales; carece de empatía aunque pueden
ser muy brillantes socialmente; puede fingir que entiende
los sentimientos de los demás; y tiene actitudes
y comportamientos arrogantes.
Añadimos que suelen ser personalidades muy agresivas
y competitivas.
Maltratadores sistemáticos,
más psicológicos que físicos.
El maltrato psicológico se basa en comportamientos
intencionados, ejecutados desde una posición
de poder, legal o autoatribuido, y encaminados a desvalorizar,
producir daño psíquico, destruir la autoestima
y reducir la confianza personal. Su padecimiento lleva
a la despersonalización, al mismo tiempo que
genera dependencia de la persona que los inflige. El
maltratador se vale para ello de insultos, acusaciones,
amenazas, críticas destructivas, gritos, manipulaciones,
silencios, indiferencias y desprecios.
Su incidencia es grande, así como la gravedad
de las secuelas que produce, que genera un alto coste
social y económico, y supone una degradación
de la persona por la violación del derecho de
las personas a ser tratadas dignamente y por el respeto
que merece la vida los convierten en una cuestión
de gran relevancia pública.
No son tan visibles ni manifiestos como los físicos
y en muchas ocasiones la propia víctima no es
consciente de ellos, pero sus consecuencias pueden ser
más graves y duraderas en el tiempo.
Las agresiones continuadas, tanto verbales como no
verbales expresadas por medio del silencio, la indiferencia,
los gestos , crean una relación oscura de
dependencia entre el maltratador y la víctima;
e inexplicablemente ambos roles beben el uno del otro;
la víctima siente que no es nadie y el miedo
y la angustia la paralizan, un proceso destructivo en
el que va perdiendo la confianza en sí misma
y la capacidad de respuesta, se va anulando; y el maltratador
se siente que es alguien a través de la dominación
que ejerce sobre la víctima. La situación
de dependencia es tal que la víctima termina
protegiendo y disculpando al maltratador en ocasiones,
es como una asunción del Síndrome de Estocolmo.
Defiende Hirigoyen que los narcisistas tienen algunas
características propias de los paranoicos aunque
no lo son, pudiendo presentarse como moralizadores dando
incluso lecciones de rectitud a los demás; los
caracterizaría una gran rigidez psicológica,
obstinación, intolerancia, racionalidad fría,
dificultad para mostrar emociones positivas y desprecio
al otro; se muestran desconfiados y temor exagerado
de la agresividad ajena, sensación de ser la
víctima de la crueldad del otro, celos, suspicacia;
y suelen hacer juicios equivocados, interpretando acontecimientos
neutros como si fueran adversos.
Muy importante es como detectar al agresor ya que la
imagen que proyecta hacia el exterior es bastante positiva,
y aunque su intención es causar daño,
generalmente no es consciente de todo el daño
laboral, físico y psicológico que puede
llegar a causar.
Pero una clave importante es que estos agresores no
se centran en sujetos serviciales y disciplinados, siendo
la envidia por los éxitos y los méritos
de los demás, el miedo a perder determinados
privilegios lo que desencadena su agresividad y todo
un rosario conductual de acoso procedente de la codicia,
irritación rencorosa, que se desencadena a través
de la visión sui generis de felicidad y de las
ventajas del otro; y todo ello le empuja a eliminar
de raíz cualquier posible obstáculo que
entienda se cruza en su camino.
Las víctimas del mobbing no tienen por qué
ser personas débiles o con una deteriorada salud
psicológica, ni personas con rasgos diferenciales
marcados o que presenten dificultades a la hora de relacionarse
socialmente; por el contrario, y generalmente, las víctimas
se destacan involuntariamente, inconscientemente, siendo
blancos perfectos a los ojos del agresor, y el enfrentarse
directamente al acoso las hace especialmente atractivas
para el acosador porque para él suponen un reto.
Cualquier persona en cualquier momento puede convertirse
en una víctima, basta únicamente con ser
percibida como una amenaza por un agresor potencial
y encontrarse en un entorno favorable para la aparición
de este tipo de fenómeno. Iñaki
Piñuel en su libro Mobbing explica
que las víctimas suelen ser profesionales brillantes
que despiertan admiración entre sus compañeros,
bien considerados dentro de la organización.
Por eso despiertan celos en los mediocres.
Como la posible víctima se significa laboral
y socialmente el acosador necesita buscarse recursos
para aplastarla, por eso mentirá, desacreditará
y la enfrentarla al resto del grupo; intentando granjearse
el concurso y apoyo de los demás, aunque participen
con su omisión, que también es una forma
de participar, y nada pasiva, la omisión es una
práctica muy violenta, de sus consecuencias deduciremos
su gravedad. Por eso la imagen que pretende proyectar
el acosador de su víctima tiene muy poco que
ver con la realidad, pretenderá descargarla de
valores y presentarla como poco inteligente, mediocre,
holgazana, siendo en realidad todo lo contrario, inteligentes
o muy inteligentes y/o muy trabajadores, se sitúan
por encima del resto de alguna forma; su inteligencia
o/y su preparación pueden llegar a cuestionar
sistemáticamente los métodos y formulas
de organización del trabajo que les vienen impuestos
o los que pretende imponer el acosador; por ende, envidiables
a los ojos del maltratador, que llegará a envidiar
incluso las condiciones favorables de carácter
extralaboral de la víctimas como vida social
y familiar, consideradas como satisfactorias desde la
óptica del acosador, aunque puede incluso que
esto no corresponda a la realidad, todo lo tamiza y
proyecta el acosador desde su prisma particular.
Todo esto va minando a la víctima que quedará
afectada en el tiempo, su padecimiento personal no va
a terminar con el alejamiento de ese tóxico ambiente
laboral; presentará manifestaciones diversas
que pueden responder a diversas patologías interconectadas,
patologías psicosomáticas como dolores
y trastornos funcionales, estrés, dificultades
de atención, concentración y memoria,
miedo acentuado y continuo, que no termina saliendo
del puesto de trabajo; irritabilidad, sentimientos de
amenaza y ansiedad; desarrollará inseguridad,
torpeza, indecisión, conflictos con otras personas
e incluso familiares; será presa de la depresión,
disminución de autoestima, miedo al fracaso,
reacciones paranoicas, agravamiento de problemas previos
trastornos y enfermedades, y somatizaciones múltiples
y trastornos orgánicos como palpitaciones, temblores,
desmayos, dificultades respiratorias, gastritis y trastornos
digestivos, pesadillas, trastornos del sueño;
se disparan los mecanismos de alerta de la víctima,
que estará vigilante y en tensión constante;
sufrirá frecuentes dolores de cabeza, espalda ;
como trastornos emocionales como el sentimiento de fracaso,
impotencia, apatía, frustración, infravaloración,
desgana o apatía y baja autoestima; trastornos
en la alimentación; adoptará comportamientos
sustitutorios como adicciones o conductas de evitación,
la víctima tenderá a evitar aquello a
lo que en cierto modo teme, adopta así una conducta
de evitación, de no afrontamiento y con ello
la persona cada vez devendrá a peor, cada vez
tendrá más fobias y temores, siendo presa
de la indefensión y llegando en casos extremos
al suicidio.
Los daños fisiológicos han sido valorados
por la Técnico de Prevención de Riesgos
Laborales Elisa Boberg, estimando:
La tensión emocional aumenta el riesgo de infarto
de miocardio.
Subidas bruscas de tensión, con riesgo de accidente
vascular.
Agravamiento de la diabetes.
Reduce la producción de andrógenos y estrógenos
así como el interés sexual.
Inhibe el sistema inmune, lo que puede propiciar el
desarrollo de enfermedades como el cáncer.
Estimula comportamientos poco saludables: tabaco, alcohol,
anorexia
Con respecto al entorno social las víctimas se
tornarán muy susceptibles, hipersensibles a la
crítica, desarrollarán desconfianza y
aislamiento, evitación, retraimiento, o agresividad
y hostilidad como manifestaciones antisociales.
La vertiente laboral se afectará de malestar
en las relaciones laborales, pérdida de ilusión
e interés por los proyectos comunes, accidentabilidad
por negligencias o descuidos; se produce un lento deterioro
de la confianza en sí misma y en sus capacidades
profesionales por parte de la víctima; la víctima
deberá cargar también con la estigmatización
social en los sectores de actividad laboral próximos.
Y también la empresa se verá afectada
en su reputación por no atender y gestionar debidamente
un problema de magnitud tal. En muchos casos, el mobbing
persiste incluso después de la salida de la víctima
de la empresa, con informes negativos o calumniosos
a futuros empleadores, eliminando así la futura
empleabilidad de la víctima, esto supone en realidad
un mobbing doble.
La vertiente familiar se verá afectada de agresividad
e irritabilidad , desplazamiento de las responsabilidades
y compromisos familiares, trastornos médicos
y psicológicos en otros miembros de la familia,
y afectación de la afectividad y sexualidad que
puede devenir incluso en separación matrimonial.
Desarrollo de la culpabilidad en la víctima,
la propia familia suele cuestionar su comportamiento,
y así la víctima llega a verse en la creencia
de haber cometido verdaderamente errores, fallos o incumplimientos.
Iñaki Piñuel sugiere para romper el círculo
del "mobbing" que lo primero que hay que hacer
es que la persona se convenza de su propia inocencia.
No ha hecho nada para merecer eso. Tiene que hacer frente
a la situación utilizando una estrategia inteligente
y asertiva; deberá buscar apadrinamiento entre
las personas del entorno, algo difícil porque
los compañeros son testigos mudos de lo que pasa;
y actúan como si no fuera con ellos, como si
en realidad no les afectara. La víctima tiene
que lograr el apoyo de la familia, de la pareja. La
relación de pareja puede entrar en crisis porque
la irritabilidad que provoca el acoso se proyecta sobre
el cónyuge y sus hijos y porque el desconocimiento
del tema por parte de la pareja produce una segunda
victimización en casa: "Algo habrás
hecho". Es muy importante la asistencia psicológica
especializada, y es muy difícil para la persona
salir por sí misma adelante. La recuperación
definitiva de la víctima suele durar años
y, en casos extremos, no se recupera nunca la capacidad
de trabajo.
Fundamentalmente lo que la víctima va a necesitar,
dado lo vulnerable de su posición, es ayuda y
justicia, comprensión, afecto, consejo; su salud
se verá tanto más afectada cuanto menos
apoyos reales tenga en el ámbito laboral, social
y familiar. De todo esto se infiere que un caso de acoso
laboral no afecta solo a una persona sino que tiene
trascendencia social, pues igualmente se ven afectados
la empresa, los compañeros, amigos y familiares.
Pero de todas formas las consecuencias son devastadoras
para la víctima, quien se pregunte que por qué
no abandona su puesto de trabajo, que se responda si
él mismo lo haría, es su trabajo, su realización
personal, la víctima disfruta con su trabajo
lo que se le hace irrespirable es la energía
negativa que proviene de parte del acosador. Los tentáculos
del acosador llegan igualmente a afectar a la víctima
de forma profesional, quienes no conozcan el caso pueden
llegar a dudar de la víctima, incluso si conocen
a la víctima dudarán, por lo que esta
se ve afectada profesionalmente, no solo en su crédito
personal sino también profesional. A raíz
de aquí posiblemente la víctima empeore
profesionalmente o se estanque cuando menos confirman
los estudios de Knorz y Zapf; y no hay que olvidar que
la víctima por fuerte que sea se ve disminuida
en su proyección social y por ende laboral, le
falta realmente confianza en sí misma y el mercado
laboral marca tendencias muy agresivas; todo esto se
traduce en una exclusión del mundo laboral. Un
profesional cualificado o no, con una amplia experiencia
en su sector se encuentra que tiene que empezar de cero
pero, por lo general, en los cuarenta de su vida, lo
que se empeora a medida que avanza en edad.
También hay que tener en cuenta que generalmente
las víctimas de acoso laboral superan los cuarenta
con lo que eso conlleva, dificultad para una reubicación
por los problemas de empleo que España tiene
pre, crisis, y los tendrá post-crisis con mucha
probabilidad, la víctima tiene lo que vulgarmente
se dice plomo en las alas, su padecimiento
ha disminuido sus fuerzas, pese a que es joven, no tiene
ya la fuerza - más psicológica que física-
con la que contaría de no haber estado sujeta
a este padecimiento; además se hace más
vulnerable, no débil, pero sí es cierto
que sí más vulnerable, le afectan más
las cosas y se enfrenta a ellas con disminución
en sus fuerzas. Estamos pues ante lo que Leymann y Gustafsson
en 1996 definieron como Síndrome de Estrés
Postraumático SSPT que es padecido por la víctima
a causa del acoso, siendo estás generalmente
mayores de cuarenta años, aunque hay víctimas
de todas las edades.
BIBLIOGRAFÍA
Anónimo(2002): El Mobbing. Documento Técnico,
Madrid, ed. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene
en el Trabajo,
Hirigoyen, M. (1999): El acoso moral. Barcelona, ed.
Paidós.
Hirigoyen, M. (2001): El acoso moral en el trabajo.
Barcelona, ed: Paidós.
Leymann H (1996): Mobbing. La pérsecution au
travail. Paris, Editions du Seuil.
Piñuel, I(2001): Mobbing. Como sobrevivir al
acoso psicológico en el trabajo. Santander, de.
Sal Terrae,.