Cuando nos vemos sometidos a un
estímulo lo suficientemente potente como para producirnos
un desequilibrio físico o psíquico surge el “estrés”.
Cualquier cambio importante en
nuestra vida, tanto positivo como una boda, o negativo
como un despido nos puede generar a todos cierto grado
de estrés, que nos sirve como un mecanismo de
defensa para adaptarnos a la situación de cambio,
algo que habitualmente conseguimos con verdadero éxito
a lo largo de nuestra vida.
Sólo cuando los estímulos
son muy negativos, llegando a tener incluso una verdadera
sensación de grave peligro para la vida, hablamos
de trauma psíquico. Ante esta agresión,
la respuesta de nuestro organismo para defendernos y
remontar el desequilibrio sufrido se denomina estrés
postraumático.
La mayor parte de las personas
se recupera de este mal estar en días o en pocas semanas,
pero en realidad una minoría pueda desarrollar un verdadero
“estrés postraumático”, que en ocasiones precisará de
una atención médica especializada y a veces del apoyo
de otros profesionales del equipo de salud, como el
psicólogo, el profesional de enfermería o el trabajador
social.
¿Por qué se produce el estrés postraumático?
Es la consecuencia de acontecimientos
muy negativos o traumáticos para la propia vida o para
la de un ser querido o allegado, que se acompañan de
verdaderas vivencias de terror, como los ataques terroristas,
los secuestros, los grandes accidentes, los desastres
naturales, los ataques violentos, las violaciones, la
tortura, etc.
¿Puede producirse el estrés postraumático
por la pérdida de un ser querido o de un trabajo?
No; no
es lo mismo, porque las reacciones son bien diferentes.
Aunque cualquier situación penosa puede llegar a alterar
nuestro organismo y especialmente nuestra esfera psicológica
, la emoción fundamental que origina una situación de
estrés postraumático es el “horror” o el “terror” ante
el peligro que encierra para la vida, rememorando, aún
sin desearlo, las escenas impactantes que sufrimos y
que desearíamos que nunca se hubieran producido. En
cambio, las pérdidas afectivas generan una sensación
de vacío por el hueco que el ser querido ha dejado en
nuestra vida, recordándole una y otra vez, sobre todo
en sus aspectos más agradables, como si, recreándonos
en su recuerdo, pudiéramos evitar su verdadera desaparición.
El “duelo” es la expresión dolorosa
ante una pérdida, previsible o no, mientras que en el
estrés postraumático, al dolor de la pérdida , se añade
el de la horrible forma en la que se produce la misma,
sobre todo por las imágines y sonidos asociados al hecho
en sí. Lo que especialmente duele en el estrés postraumático
es el recuerdo del horror percibido, que revive reiteradamente
el acontecimiento traumático en sus momentos más dolorosos
e insoportables.
SINTOMAS DEL ESTRÉS POSTRAUMÁTICO
Rememoracion de lo sucedido.
* Evitacion de cuanto recuerdo lo vivido.
* Miedo a vivir situaciones parecidas.
* Tristeza y angustia vital
* Palpitaciones y sensacion de falta de aire.
* Insomnio y pesadillas.
* Llanto facil y sobresaltos.
* Irritabilidad y agresividad.
* Reacciones violentas ante situaciones cotidianas.
* Indiferencia ante las personas mas queridas.
¿TODA PERSONA QUE HA SUFRIDO ALGUNA
SITUACIÓN DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO DEBE CONSIDERARSE
ENFERMA?
No sólo algunas personas que sufren
un trauma psíquico intenso sufrirán el verdadero “estrés
postraumático”, y de todas ellas, sólo algunas precisarán
de ayuda médica especializada y del apoyo psicológico
necesario.
Para las demás personas, es suficiente
con potenciar la “escucha activa” y acompañarlas facilitando
que expresen su dolor tantas veces como quieran, sin
interferir ni frenar su propio ritmo emocional.
En todos los casos, la familia
y los amigos se hacen imprescindibles para conseguir
que la persona afectada reanude su ritmo de vida normal.
La soledad será nuestro mayor
enemigo, por lo que la comunicación cercana constituye
la mejor ayuda y contribuye a evitar su automedicación,
que tan frecuentemente se practica en estos casos.