Escribe:
Psic. Lic. Silvana Giachero
Especialista en RR.HH.
La violencia tiene que ver con el ejercicio del poder
y de cómo se relacionan las personas, si hay
abuso de unos sobre otros hay avasallamiento de los
derechos humanos.
La violencia parece haberse institucionalizado. Hay
muchas situaciones de abuso y maltrato, de negligencia
y explotación, que ya no están solamente
dentro del ámbito familiar sino que se dan dentro
de un marco institucional .En los lugares de trabajo
las personas enferman cada vez mas como consecuencia
de esta violencia institucionalizada.
Estamos inmersos en un sistema perverso que priorizar
la ganancia sobre el valor de la vida.
Lo que hoy me planteo y si pensamos esta violencia
desde la dualidad victima-victimario , siento que nos
quedamos estancados en dicha disociación malos
y buenos, al mejor estilo de la cultura americana. Donde
los malos maltratan a los buenos y al final estos, los
buenos, tienen el derecho y la obligación de
devolver ese maltrato, con la diferencia que en este
último caso tiene la aprobación y el apoyo
de todos. Nos cuesta pensar, reflexionar, por la sed
de venganza, que violentar a una persona que nos ha
agredido no esta justificado, es más, no hace
otra cosa que dejarnos atrapados en un círculo
de malos y buenos, de violencia. Una violencia justificada
y otra injustificada y sancionada.
Si bien asumo la responsabilidad de que en muchos artículos
que he escrito desde hace más de 5 años,
los martes, he tratado temas de violencia en diferentes
ámbito y me he referido a víctimas y victimarios,
lo he hecho a los efectos de analizar y exponer un tema.
Pues mi trabajo como psicóloga terapeuta y como
agente de salud mental y de cambios, no es disociar.
Separar entre buenos y malos implica la no resolución,
el no entender la multiplicidad de factores que en una
situación de violencia están en juego;
entre ellos la personalidad y conducta de la víctima.
Me creo en la responsabilidad de profundizar un poco
más en este tema para que podamos avanzar y nos
sigamos enriqueciendo.
Si el psicólogo victimiza a la víctima
no hay más salidas que la repetición del
maltrato, por ende la función del profesional
de salud mental no es disociar, dividir, sino mezclar
y repensar las situaciones de violencia. Si a la victima
la dejamos en el lugar del pobre, que lastima, y al
victimario en el del malo que nos provoca pensar las
mil y una forma de lastimarlo; entonces no hacemos otra
cosa que pasar ha ser de víctima en victimario
y viceversa. Llega un momento donde no se sabe quien
es quien, esto es lo perverso que hace a la violencia
actual en nuestra sociedad.
Cuando un psicólogo interviene en estos casos
con la víctima, la estrategia no es victimizarla
aún más y justificar su rabia; la estrategia
que enriquece y saca a las personas de esta situación
, incluso para que no las vuelvan a repetir, es ayudarla
a pensar, analizar que cosas en ella o él , consciente
o inconscientemente , generaron esta situación
en el vínculo con la otra persona. Ello no implica,
o mejor dicho, no es igual a justificar el mal trato
o la violencia del otro, pero permite dar un giro diferente
y centrarse en uno mismo para desde uno generar los
cambios, en este caso con quienes estamos trabajando
es con la víctima y debe desde su lugar analizar
y entender que hizo o no hizo para que el otro la dañara.
Este giro de la problemática implica también
que la sociedad se haga cargo de los victimarios como
productos generados por la misma, y tengan el mismo
derecho a ser tratados y recuperados, el derecho que
les da el ser personas, por más rabia que nos
genere su violencia. Incluso esta rabia es la que muchas
veces nos genera miedo cuando estamos frente a un hostigados,
y no el hostigador en sí mismo.
Quedar atrapados en la rabia, en la venganza, en el
rol de víctimas, no genera cambios de ninguna
índole, más bien nos empobrece y nos condena
a la eterna repetición.
La víctima y el victimarios son tal como producto
de un vínculo que los involucra a los dos, buscar
culpables es paralizarnos y empobrecernos. Claro que
entender y hacerse cargo de las cosas de uno no es nada
fácil, tomar contacto y asumir las propias miserias
no es algo que todos puedan lograr. Hay personas más
débiles que otras y hay momentos en la vida de
cada uno que definen esta posibilidad.
Ahora, si hay algún psicólogo que desde
su intervención victima , culpa a otro, padres,
abuelos, pareja, maestros etc..., si cree que de esta
manera resuelve algo y aporta como agente de salud,
están muy equivocados.
Nuestra función es entender el dolor del otro
pero no queda ahí, es transformarlo, es a partir
de ese dolor generar cambios y no dejar al paciente
enquistado en repeticiones dolorosas y empobrecedoras,
para el paciente pero también para la sociedad.