Quienes han dimitido interiormente
en el trabajo no lo hacen por causa de la esperable
frustración propia de expectativas irreales o
irrealizables que hubieran tenido anteriormente acerca
de lo que un trabajo puede proporcionar a un ser humano.
No faltan aquellos que aprovechan para cargar las tintas,
una vez más y de manera culpabilizadora, contra
las víctimas del mecanismo de la dimisión
interior en el trabajo.
Resulta demasiado comprometido para muchos evaluar y
tener que abordar y remover las condiciones de un entorno
laboral tóxico que producen y hacen aparecer
el fenómeno dimisionario interno.
Las causas de la infelicidad actual
En lugar de analizar qué causas individuales,
sociales y organizativas conducen a un trabajador a
dimitir, estos observadores superficiales y cómodos
de la realidad obvian aquellas condiciones laborales
que transforman a un ser humano y le convierten en dimisionario.
Se agarran al factor individual de la víctima
de la dimisión interior para explicar en base
a sus propios rasgos el porqué termina desapegándose
así.
Una vez más y como resultado del error
fundamental de atribución que ya hemos
identificado tantas veces los victimólogos en
todos los problemas que analizamos, vemos como se produce
el intento de verificar que son las víctimas
las que algo han hecho o algo son que explica
por qué han resultado victimizadas. Cometer
con ellas este error de atribución
transforma a trabajadores en dimisión interior
de víctimas en responsables de su propio mal
y por tanto culpables ante la opinión pública.
Es "su propia infelicidad y frustración
interior previa", lo que los transforma en dimisionarios,
según estos falsos amigos. Es un "carácter
amargado, resentido y victimista" el que, según
ellos, transforma el propio trabajo en un infierno.
Un enfoque inadmisible y victimizador el de estos gurús
de la culpabilidad.