Profesor Iñaki Piñuel
y Zabala
Titular de Organización y Recursos Humanos
Facultad de CC Económicas y Empresariales Universidad
de Alcalá (Madrid)
Aún se desconocen las circunstancias
que empujaron ayer, de forma absolutamente injustificable,
a un trabajador a emprenderla a navajazos con sus compañeros.
Vaya también por delante que no hay sospecha
alguna sobre la empresa en cuestión, ni sobre
los otros trabajadores. Tal vez todo fue provocado por
una enajenación mental. Pero el suceso nos hace
reflexionar sobre un fenómeno que es ya una epidemia:
cómo la extensión creciente en el ámbito
laboral de la violencia, el hostigamiento, el maltrato,
la falta de respeto y la vulneración de la dignidad
del trabajador, unidas al frecuente y defensivo síndrome
de «no va conmigo» en que incurren las organizaciones,
puede perfectamente explicar -aunque, insisto, nunca
justificar- el que una persona termine perdiendo los
nervios y la cabeza.
La violencia psicológica lo invade todo: acoso
psicológico entre los escolares, maltrato doméstico,
hostigamiento vecinal, acoso político y, cómo
no, acoso psicológico en el trabajo o «mobbing».
En los últimos años he podido escuchar
en la investigación y asistencia psicológica
de los trabajadores acosados numerosos relatos de personas
«normales», aunque dañadas por el
«mobbing», horrorizadas ante sus ideas recurrentes
de agredir, machacar o asesinar a sus acosadores laborales.
Estas formas de terminar con una situación
de acoso psicologico mediante la agresión son
extremadamente raras. Afectan tan solo al uno por ciento
de los casos.
Lo más frecuente es que, con el tiempo, las
víctimas de «mobbing» entren en una
creciente paralización que las lleva a la indefensión,
fuente posterior de la mayor parte de los cuadros psicológicos
que suelen producirse a consecuencia del daño
recibido. Es muy difícil explicar aquí
la tremenda vivencia de terror, angustia y desesperanza
de estas personas.
Trabajadores normales, perfectamente válidos
para realizar su labor, aunque víctimas de los
celos o de las rivalidades, mujeres que reclaman la
igualdad en el trato, en las oportunidades, o simplemente
se resisten a la arbitrariedad o la falta de respeto
a su dignidad, jóvenes en situaciones laborales
precarias que les exponen a la vulnerabilidad del abuso
sobre ellos, personas intelectualmente brillantes que
despiertan por sus capacidades o éxitos profesionales
las envidias de sus compañeros o jefes... Tal
es el perfil habitual de las víctimas del acoso
psicológico en el trabajo.
El de los acosadores laborales es también un
perfil muy específico: jefes mediocres a la defensiva,
directivos narcisistas con complejos de inferioridad,
psicópatas organizacionales que no se detienen
ante nada ni nadie ante sus propósitos en la
escalada hacia posiciones de mayor poder en la organización.