ESPAÑA
El que acosa se siente inferior 17 de marzo de 2011
Por Raúl Cosano
¿Por qué
empezó a escribir sobre mobbing?
Tengo 41 libros de informática publicados pero
me bloqueé de tal manera que no podía
escribir ni una sola palabra. Sin embargo, cuando escribía
libros con los que me desahogaba de lo que me estaba
ocurriendo, veía que la redacción era
coherente. Mi propia psicóloga me lo recomendó.
Escribir ha sido una terapia.
Ha sido algo de catarsis, aunque
me sigo encontrando muy mal. Tengo muchas secuelas.
Yo dormía muchísimo y hacía múltiples
actividades. Eso se me ha acabado. Me duermo a las diez
de la noche y a las dos de la mañana ya estoy
dando vueltas. No puedo conciliar el sueño. Y
me han quedado muchos lapsos de memoria. Tengo unos
despistes que no son normales. Pero creo que podré
salir de ésta. Ya veo la luz.
¿Cómo la ha hecho
cambiar el mobbing?
Ahora me he vuelto demasiado desconfiada, pero al haber
pasado por una situación difícil, soy
alguien mucho más humano. No se lleva ponerse
de lado de la persona que sufre.
¿Hay un perfil de la víctima?
No. El acoso lo puede padecer cualquiera. Sólo
hace falta un grupo que vaya contra una persona, por
lo que sea. Se dice que por envidias, pero pueden ser
mil cosas: porque caigas mal cuando llegas, porque has
contradicho la orden de un superior, porque le haces
sombra a alguien...
¿Cómo es el acosador?
En el acoso, incluso en el de pareja, el que hace daño
se sabe o se siente inferior, pero tiene más
recursos de otro tipo y sabe imponerse. Los acosadores
son personas que jamás son queridas pero sí
temidas. Todo el mundo se pone siempre de parte del
poder. El acoso laboral se parece mucho a la violencia
de género, aunque todo los tipos de acoso tienen
algo en común.
¿Qué?
Llega un momento en que te sientes culpable. Piensas:
"Si todos dicen que lo hago mal. ¿será
verdad?". Y te vuelves loca. Cuanto más
intentas justificar los actos, peor. Lo mejor es no
hacer caso.
¿Qué hay que hacer?
Intentar pasar. Si es un jefe, es muy difícil.
El problema es si te enfrentas a gente con poder. Si
es un compañero, conviene pedir un cambio de
departamento. Y, sobre todo, explicarlo. A mí
me daba vergüenza hacerlo y me encerraba en el
baño a llorar. No quería ir de probrecilla.
¿Cuánto tiempo sufrió
mobbing?
Diez años. Desde 1998 a 2008. Trabajé
en la enseñanza pública. También
era formadora de profesores. En el centro en el que
trabajaba estaba muy a gusto, pero cambié al
departamento de informática y subí de
categoría. A partir de ahí, me trataron
como una intrusa.
¿Y después?
A partir del año 2000 empezaron las bajas. Y
fui cayendo, cayendo... Luego dos personas de mi departamento
entraron en el equipo directivo y perdí el apoyo
de la dirección. Los últimos cuatro años
fueron horrorosos, insoportables.
¿Y qué pasó?
Fui cogiendo bajas. Tuve que dejar las clases. Me declararon
incapacitada y ahora estoy jubilada.
Usted aguantó demasiado
Aconsejo que la víctima denuncie en cuanto se
percate. Que se lo diga por escrito al acosador, que
se lo diga al jefe, que busque ayuda en una asociación...
antes de caer enfermos. Si puede, que grabe lo que está
ocurriendo. Las
grabaciones son admitidas por los jueces. Hay que
guardar pruebas como correos electrónicos.
¿A quién va dirigido
el libro?
Este libro no es sólo una visión de los
afectados, sino de los profesionales. Es un tema delicado
que no tiene nada que ver con el acoso escolar. En el
mobbing, la persona que acosa es el propio jefe. Yo
era una persona respetada por los alumnos. Eso, unido
a Enriqueta López, mi psicóloga, Beatriz
Allué, mi psiquiatra, y a Javier Ignacio Prieto,
mi abogado, ha hecho que me sienta satisfecha de los
logros que he conseguido. El proceso judicial aún
dura, pero se van reconociendo las cosas.
fuente: diari - Material proporcionado
por la entrevistada, Rosario Peña para su publicación
en el Portal Acoso Laboral
::Acoso Moral Laboral
ESPAÑA
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