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PRENSA
Parias
en el trabajo
Los casos de hostigamiento
moral crecen; en el sector público resultan más visibles
y en el privado son más silenciosos. El MTSS se pondrá
severo.
MAGDALENA HERRERA - 06/11/2011
Qué habré hecho? ¿Por qué
no me habla? No... es con todo el mundo. No... es conmigo.
Es mi culpa. No... algo que dije no le cayó bien...
-Basta no quiero oír más, estoy harto,
todo el día hablando de tus problemas con tu
jefe.
-Pero entendés que fui a plantear de hacer un
trabajo y me miró con una cara...
-Y bueno, si no quiere darte laburo, mejor. Hacé
la plancha. Pero no podés traer todos los días
este problema a casa. Te está enfermando.
Estos diálogos le resultan familiares a todos
aquellos expertos que reciben a diario consultas o denuncias
sobre acoso moral o laboral. Si la sacan barata, los
hostigados pueden presentar ansiedad, falta de sueño
o estrés. Pero existen otros casos que han costado
divorcios o enfermedades más graves, incluso
algunos episodios fatales.
"Se confunde con depresión pero no lo es.
Es una situación reactiva de tristeza en donde
el sujeto no puede entender como unos años atrás
todo iba bien y de buenas a primeras, ya sea por un
cambio de dirección o jefe, se encuentra en una
situación sin salida. Todo eso tiene su repercusión
en las tres áreas: mente, cuerpo y relaciones
con el mundo exterior", explica la licenciada en
psicología y magíster Nahír Silveira,
responsable en su área del Departamento de Salud
Ocupacional de la Facultad de Medicina de la Universidad
de la República.
En una presentación de la Escuela Universitaria
de Tecnología Médica de la Facultad de
Medicina, la profesora agregada Rosario Tuzzo, señalaba
en septiembre de 2010 que el mobbing (rodear y atacar
a alguien, término creado por el profesor alemán
Heniz Leymann, doctor en Psicología del Trabajo)
es "la situación en la que una persona ejerce
una violencia psicológica, de forma sistemática
y recurrente y durante un tiempo prolongado sobre otra
persona o personas en el lugar de trabajo con la finalidad
de destruir las redes de comunicación de la víctima
o víctimas, destruir su reputación, perturbar
el ejercicio de sus labores y lograr que finalmente
esa persona o personas acaben abandonando el trabajo".
Según Tuzzo, la persona que lo sufre comienza
a ser criticada por la forma de realizar su trabajo,
que por otro lado, hasta el momento era bien visto.
Recibe comentarios injuriosos, ridiculizando o burlándose,
propagando comentarios negativos acerca de su persona
o la formulación repetida de críticas
en su contra.
En los casos de mobbing se observa sistemáticamente
que la persona demora en darse cuenta de lo que le sucede.
Siente que es algo casual, que Fulano tiene un mal día,
que no debe darle importancia. O, piensa que está
haciendo algo mal, que debe corregirse, según
indica la psicóloga Silveira.
A la policlínica de atención docente
ubicada en el Hospital de Clínicas llegan decenas
de casos al año, además de cientos de
consultas telefónicas mensuales. "Se nos
conoce como la policlínica del acoso porque el
trabajador recurre aquí con una problemática
que escapa los aspectos estrictamente médicos.
Cuando llega ya utilizó todo su repertorio de
estrategias para revertir la situación, y no
sabe qué hacer", agrega Silveira.
nueva forma. "Violencia silenciosa e institucionalizada"
es la descripción que realiza otra especialista
en el tema, la psicóloga Silvana Giachero, y
afirma que la padece una significativa proporción
de los uruguayos.
Según un informe de la Organización Internacional
del Trabajo (OIT), en la Unión Europea se la
estaría declarando epidemia. Aproximadamente
40 millones de trabajadores serían los afectados
con un costo de salud de 20 millones de euros anuales.
En Uruguay, existen cifras que se desprenden de diferentes
estudios y evaluaciones, en distintos períodos
y ámbitos, público y privado, pero que
no han sido reunidos ni analizados como para concluir
exactamente la proporción de afectados. Se sabe
sí, señala la psicóloga Giachero,
según evaluaciones realizadas por Naciones Unidas,
en 2008, que en algunos entes y bancos del Estado, más
del 50% del funcionariado habría padecido alguna
forma de acoso en el ámbito laboral (ver nota
arriba).
Es algo inédito, señala el abogado Diego
Iglesias -quien junto a la psicóloga Giachero
y otros colegas, escribanos y médicos intentan
crear una organización sin fines de lucro para
llevar adelante estos casos- que en la Intendencia de
Canelones, por ejemplo, desde 2005 haya una media de
40%, según el período, de sus trabajadores
con licencia por trastornos psiquiátricos.
"No quiere decir que todos padezcan acoso, pero
es preocupante", señala el jurista, quien
lleva adelante seis casos, uno de ellos ganado al Estado.
Se trataba de una mujer que se encontraba con muletas
y a quien desde la comuna canaria le hacía realizar
relevamientos en ómnibus.
Ni en BPS ni en ASSE existe un registro numérico
sobre casos de acoso laboral en Uruguay, más
allá de que todos concuerdan que se trata de
una temática que está tomando gran relevancia
a raíz de que la Organización Mundial
de la Salud ha distinguido la violencia psicológica
del estrés laboral y el burnout.
Para el trabajador es como una muerte laboral silenciosa,
asegura la psicóloga Giachero. "Porque a
esas personas difícilmente se las pueda recuperar
al mercado laboral. Se terminan enfermando físicamente,
o jubilando. Hay estudios en la Facultad de Psicología,
que no se continuaron, que señalan que el 90%
de los trabajadores que padecen acoso moral durante
un tiempo prolongado no quiere volver a trabajar; son
irrecuperables. Sería importante preguntarse
qué sucederá a largo plazo en la sociedad
cuando esas personas, mano de obra calificada porque
la gran proporción de los hostigados se destaca
laboralmente, queden fuera del sistema productivo".
Más allá de que existe más información
sobre el ámbito público, el doctor Diego
Iglesias afirma que lo mismo sucede en lo privado. "La
diferencia es que no existe una normativa concreta sobre
acoso moral. Hay un proyecto de ley de todos los partidos,
que se presentó alrededor de 2006, pero que nunca
fue tratado en el Legislativo. En el ámbito privado
es muy difícil porque en Uruguay, excepto en
los casos sindicales, no existe una protección
real del trabajador. El patrón tiene la posibilidad
de despedirlo, pagará más o menos, pero
no hay una defensa total. A lo sumo se puede atribuir
un despido abusivo que como máximo puede llevar
a que se le pague hasta cuatro veces más que
lo que le corresponde por un despido normal".
"La mayor dificultad que tenemos", indica
Nahír Silveira de Salud Ocupacional, "es
que más allá del informe que realicemos
sobre el trabajador, hacia el médico tratante
o las sugerencias a la empresa, no tenemos ninguna incidencia
en el ámbito laboral. Algunas veces estas situaciones
terminan en lo que menos queremos: juicios. El trabajador
recibe una indemnización por una situación
pero eso no es lo que más lo beneficia, porque
aunque sea un despido incentivado, la persona lo que
quiere es trabajar, ser tratado dignamente y que no
se le despida. Por eso, no se habla de un solo hostigador
sino de una organización de trabajo `nueva` que
genera esos efectos".
Las numerosas denuncias, y hasta un episodio fatal,
un suicidio de un empleado de un hotel en Punta del
Este, alertó al Pit-Cnt hace dos años
de que debía tomar cartas en el asunto. "A
veces el acosado no aguanta un proceso judicial que
puede demorar tres o más años. Por eso
insistimos en asesorarse con los sindicatos y entender
que todo trabajador tiene sus derechos. Hacemos talleres
para concientizarlos y que no se mimeticen con un acoso.
Queremos terminar con el `porque siempre fue así,
está bien`", explica Hugo Etchenique, integrante
de la Comisión de Acoso Moral de la central gremial.
ALERTAS. "No se trata de `novatadas`", aclara
la licenciada Nahír Silveira. Le ocurre a jóvenes,
personas de mediana edad o aquellas con algunos años
por jubilarse, que son buenos funcionarios, y que de
repente se encuentran en situaciones incomprensibles.
La especialista ofrece algunos ejemplos de formas de
hostigamiento: aislamiento, vacío, agresiones,
no reconocimiento de su tarea, quitarle responsabilidad,
desprestigio frente a sus compañeros, menosprecio.
En general, los hombres consultan menos, llaman pero
luego no van a la policlínica. "Optan por
renunciar porque dado su género no lo pueden
reconocer frente a la sociedad", dice Silveira,
y agrega que la mayoría de los casos de hostigamiento
son jerárquicos.
Genera todo un ambiente y un clima de hostilidad, asegura
Giachero. "Esa hostilidad es invisible y hasta
puede ser no verbal porque mucho va en miradas, en gestos
de desprecio y de humillación. Es muy difícil
para la persona que lo sufre ponerlo en palabras. Parece
un relato infantil, pero no lo es para nada. Va erosionando
la autoestima de la persona hasta límites increíbles,
en que el hostigado llega a no querer saber nada con
nadie. No solamente deteriora lo que tiene que ver con
su vínculo laboral, sus compañeros de
trabajo, sino que también llega al entorno familiar
y la economía del trabajador".
El mobbing no sólo afecta a una persona, sino
a toda la organización laboral, incluso a la
sociedad que paga los impuestos si se trata de una empresa
del Estado. Porque es un fenómeno que lleva o
lleva a la ineficiencia productiva.
Un abordaje multidisciplinario del acoso psicológico
laboral, realizado por la doctora Patricia Barbado,
indicaba ya en 2005 que "además del problema
económico que generan tales comportamientos laborales
irracionales, que obviamente sólo pueden ser
consentidos por sistemas ineficientes y carentes de
ética, se suma el enorme costo que tiene para
el individuo y los efectos destructivos sobre su salud,
su vida de relación y su patrimonio. Las consecuencias
perjudiciales se transmiten también a la propia
organización por cuando además de ver
perjudicada su imagen, el proceso llega a desencadenar
un mayor ausentismo y rotación del personal,
pérdida de efectividad, de productividad y de
motivación, no sólo con respecto a las
víctimas de acoso moral, sino también
a otros compañeros que sufren el clima psicosocial
negativo en el trabajo".
fuente: el Pais Digital
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